31 mar 2009

la nota

-Tiempo. Dejen de escribir e introduzcan el exámen por la ranura.

Todos los futuros sanadores obedecieron, unos con más lentitud que otros, y fueron introduciendo sus exámenes en las urnas que había bajo los pupitres. Cuando terminaron, volvieron a centrar su atención en la ayudante que se situaba frente a los estudiantes, y que retomaba la palabra.
-Tengo que comunicarles una lamentable noticia. El profesor Toscani ha fallecido esta noche. Ha sido asesinado. En su tablón encontrarán más información.
La ayudante dejó el centro de la sala entre sollozos, mientras todos los alumnos se levantaban de sus asientos, asombrados por la noticia, y dirigiéndose en tropel hacia el tablón dorado.
Allí encontraron otro aviso escrito a mano que rezaba así:

Jóvenes sanadores, lamento informar de la muerte
de Toscani,
corazón de la Neuropsiquiatrocirugía, y
valiente sanador, que no perdió la esperanza
ni se arrodilló frente a sus asesinos. En el
caso de que os falten las fuerzas, recordad su legado.
Venid a despedirlo al salón de actos
a las 12, y marchad a casa. Atentamente,
Dirección.

La nota dejó aún más desconcertados a los alumnos, que una vez fuera del exámen estaban hablando por teléfono con sus familias. Entonces otra noticia aterrizó entre el alumnado, pero esta vez era de un compañero que acababa de hablar con otro de Tierra, y le estaba contando que habían asesinado también al profesor de Neuropsiquiatrocirugía allí,¡y en las otras 2 escuelas!
El caos se apoderó de todos ellos, unos lloraban, otros vaciaban sus taquillas para irse lo más rápido posible, y en cambio, Mini, Quique y Naldo seguían quietos, frentre al tablón, preguntándose qué pasaba allí exactamente.
-Qué fuerte.-dijo Naldo.-Pensar que se tenía que morir para que me saliera el exámen bien.
-Tío Naldo, como te cuelas-repuso Quique
-Anda ya, no me digas que no has hecho un pedazo de exámen
-Calláos los dos.-Interrumpió Mini. Ella seguía con la mirada fija en la nota de dirección.-Aquí hay algo que no cuadra...
-Pues lo dice claramente, a las 12 unas palabras, y puerta.-resumía Naldo.-Pero, bueno, sí que es extraño, o el nuevo de dirección es un raro, o esto no es todo lo que querían comunicarnos.
-No hagáis caso-dijo Quique.
-¿Qué?¿Qué más te da Quique?¿No tienes curiosidad por lo que ha pasado?Yo no me quiero ir así por las buenas como los demás.-Decía Mini mientras le enseñaba cómo se habían quedado solos en un momento.
-No, no es eso...¿No lo veis? Está allí mismo, sólo tienes que leer la primera palabra de cada frase:
Jóvenes de corazón valiente, ni caso. Venid a dirección.
-Dios mío, ¡es verdad! ¡Nos está diciendo que vayamos a dirección! Pero ¿ahora mismo?-preguntaba Naldo, con los ojos saliéndose de sus órbitas
-Sí.-respondieron Quique y Mini al unísono.
-Pues entonces no hay tiempo que perder.

Dejaron todo aquello que les sobraba en sus taquillas y fueron adentrándose círculo a círculo por la escuela de Fuego, hasta llegar al centro, donde estaban secretaría, los despachos y por supuesto dirección.
Subieron las infinitas escaleras hasta llegar a lo que ellos creyeron que era la zona más alta de toda la escuela, en la que terminaba el último escalón y donde se alzaba una gruesa puerta, indicando el final del camino.
Los 3 pararon en seco, respiraron hondo y se miraron, como intentando comunicarse telepáticamente y decidir quién iba a entrar primero, o si debían llamar a la puerta. Quizás no había nadie esperándolos, porque estaban en el acto del profesor, o directamente las curiosas formas de los versos eran pura casualidad...Pero los 3 sabían que no era así, sabían que tras aquella puerta el director de Fuego les estaba esperando, y que muchos misterios se resolverían si llamaban a la puerta.

Toc, Toc, Toc


La puerta se abrió sola ante ellos, y una luz brillante les cegó



25 mar 2009

Al exámen


Los alumnos de *** se arremolinaban como era de costumbre frente a la puerta del aula de exámenes. Todos estaban esperando a que el ayudante de turno de la asignatura los dividiera en dos grupos, con el objetivo de que fueran entrando por sitios diferentes, y así no hacer de la llamada por lista un caos eterno.


Entraban de dos en dos (uno por cada extremo del aula) y se iban colocando según las indicaciones de los vigilantes que estaban apostados en cada fila. De esta manera, cualquiera evitaba la tentación de compartir resultados con el compañero de al lado. Frente a cada asiento había un pupitre con un bloc de folios con el sello de la escuela esperándolos, y una ranura por la cual tenían que introducir su exámen una vez terminado, por lo que la recogida era rápida, eficaz y sin traspapelamientos.




Los 3 amigos pudieron sentarse más o menos cerca (todo lo que los vigilantes permitieron), y a los 2 minutos ya estaba delante de ellos una de las ayudantes que había ido llamándolos dispuesta a dictar las preguntas. Esto no era lo frecuente, pues el encargado de esa tarea es el profesor titular de la asignatura, a quien se le pueden hacer las preguntas pertinentes sólo en esos primeros cinco minutos de exámen.


La ayudante, una vez frente a todos los alumnos que iban a examinarse, se aclaró la garganta y con voz trémula habló:


-Las preguntas del exámen de neuropsiquiatrocirugía van a ser diferentes este año, porque las ha puesto Dirección.


Un revuelo de manos alzadas, caras descompuestas y alguna que otra lágrima de ansiedad llenó la sala.


-¿Qué?¿Cómo nos pueden hacer esto?-dijo Mini a sus compañeros. Ahora parecía arrepentirse de la cantidad de tiempo que malgastó ayer en su intento de perder la virginidad, cuando ni siquiera lo había conseguido.-Oh no, no debería haberme saltado los temas 4, 8, 15...Qué desastre.


-Bueno, siempre será mejor que lo que me va a pasar a mí.-Naldo intentaba tranquilizar a su comañera.-Yo ahora sí que lo suspendo seguro.


-¡Cállense ahora mismo!-gritó la ayudante.-En cuanto dicte las preguntas, dará comienzo el exámen y no quiero ninguna réplica. Sólo les he avisado para que sepan que los 5 minutos de dudas se han suprimido ya que no hay nadie que vaya a contestarles, no para que me monten este jaleo señores.



La ayudante dejó varios segundos para que el ambiene se calmara un poco y entonces comenzó:


-El primer caso clínico es....






¿caso clínico? (pensaron los 3)

21 mar 2009

la fama nos llama

Sí, querido lector, la fama ha llamado a nuestra puerta virtual, y le hemos dicho "adelante".
Explico:
Hace unas semanas, un amigo me comentó la posibilidad de dar a conocer el blog por las frecuencias moduladas del espacio sideral. Esto fue un shock, porque yo era feliz con mi creación en el más absoluto anonimato...pero al pensar en la posibilidad de servir como plataforma para que el mundo entero (o los 5 oyentes de turno) pudiera conocer las aventuras de almendra, la señorita tulp y charada, no podía dejar de pensar en lo maravilloso que sería aceptar la propuesta.
Entonces fue cuando mi cabeza empezó a revolucionarse, las ideas cogieron más y más velocidad y fueron saliendo disparadas hacia decenas de direcciones sin censura previa, dando como resultado esta entrada.
Lo primero que visioné fue nuestro éxito rotundo. Me imaginé que al salir del lugar donde daríamos a conocer nuestras obras, ya nos estarían esperando cientos de fans acalorados, con dibujos hechos por ellos mismos de Quique, Mini y Naldo para que se los firmara, niños pequeños agitando sus pulseras de cascabeles desbocados, alumnos de medicina con hojas de solicitud para apuntarse a MundoMir, y por supuesto un grupo de papparazzi persiguiendo inmortalizar a la futura cuñada de la gran Nati Abascal (¡os quiero a todos!). Claro, después del mega éxito, nuestra fórmula de ver la vida llegaría a los hogares españoles, y atravesaría fronteras (mínimo hasta la cuna del dulce de leche), y yo por fin se lo confesaría a mis amigas no médicas (tarea pendiente), y seríamos felices.
Otra visión fue algo más oscura, en la que un señor de camisa amarilla y corbata marrón que escucha nuestra buena nueva , decide investigar casualmente mi blog, y descubre que mi bonita historia de sanación tiene elementos recogidos de la gran saga de Harry Potter, llame a alguien más importante que él, el cual a su vez llama a otro aún más importante...¡y terminan demandándome por plagio!
Reconozco que esta última es algo más sombría, pero creo que debería puntualizar algunos aspectos antes de que ese señor (o señorita, o estado intermedio, no importa) decida tomar medidas legales.
Quique, Mini y Naldo están obviamente inspirados en Harry(Enrique), Hermione(Herminia) y Ron(Ronaldo), y estudian Sanación (una profesión descrita en el quinto libro). A partir de estos principios básicos empecé a desarrollar el esqueleto de la historia en una noche de inspiración y mucha cafeína previa que no me dejaba dormir (aunque todavía no haya llegado al nudo de la misma). El resto se ha ido desenvolviendo gracias a palabras clave que de vez en cuando me facilitan mis compis bloggeras, y alguna que otra inspiración literaria del momento (por ejemplo, cuando me leí la saga de Crepúsculo en 1 mes, apareció mi querido paciente con porfiria) sumada al temario que esté estudiando.
En resumen, que lo que pretendo no es plagiar, sino HOMENAJEAR a los grandes autores que alguna vez inspiraron algo en mi interior más literario y me impulsaron a lanzarme a escribir.
Nada más.

pd:ahora, para que ni siquiera hagamos la entrevista,¿verdad?jajajajajaaja

8 mar 2009

¿Te encuentras bien?

Salieron de clase juntos y fueron al Caldero Rogeliante. Habían planeado comer allí y después ir directamente a casa de Mini.
Ella estaba nerviosa. El plan que había trazado durante la proyección de Sexualidad era un simple esbozo, le quedaban muchos detalles por perfeccionar, y cada cabo suelto que iba encontrando la ponía más y más nerviosa. Por ejemplo,¿cuándo sería el mejor momento para comunicárselo a Quique? ¿se daría cuenta él mismo de que no iban a repasar? ¿había dejado recogido su cuarto? ¿se cambiaría de ropa para el "momento"?...Todas esas dudas atacaban sin descanso su cabeza, y terminó sumiéndose en un estado de semiestupor durante toda la comida.
-¿Mini, te pasa algo?
-¿Eh? No
-¿De verdad? Te veo un poco...callada.
-No es nada Quique. Será que le estoy dando vueltas al exámen de mañana.
-Ya verás que nos va a salir bien, no creo que se pasen con las preguntas.
-Eso espero, aun así siempre hay que ser un poco desconfiado con los profesores, que de repente algunos que parecen los más coleguitas son los que nos meten las puñaladas traperas.
-Yaaa.

Con esta conversación de besugos terminaron su menú del día del Caldero. El gas del refresco que había pedido no hacía más que subir por la torturada garganta de Mini que, con los nervios, había disminuido de diámetro considerablemente. Para poder actuar con naturalidad delante de su compañero tenía que esforzarse en acompasar su respiración con aquellos gases que eclosionaban en su boca cada 2 por 3 con regustillo a mortadela y banana (¡qué asco le estaba dando ahora mismo el postre!).
Tras pagar al camarero tiñoso, recogieron sus cosas y se fueron hasta la puerta de salida sudoeste. Una vez frente a la puerta giratoria, Quique dio un empujón y los dos se metieron dentro. Como la casa de Mini estaba relativamente cerca de la escuela, sólo tuvieron que cruzar al otro lado de ella, y seguir calle abajo hasta su barrio.

Delante de la casa de Mini siempre se sentaba un hombre mayor con un pie ortopédico a pedir dinero, incluso llegaba a pernoctar en esa zona cuando era verano, porque se trataba de un vecindario que le trataba muy bien. Ya le tenían cariño al viejo Petronilo, que siempre iba de un lado a otro vendiendo artilugios de dudosa calidad de puerta en puerta. Hace años se dedicó con algo de éxito a las reuniones de tupper-sex, pero el hecho de que fuera varón le cerraba muchas puertas ya que las principales consumidoras eran mujeres y no se sentían cómodas con su presencia...Esto le daba igual a la madre de Mini, fan de estas reuniones y sus productos(para martirio de su hija) y fue su última cliente hasta que el viejo Petronilo no pudo seguir con su pequeño negocio.

La buena relación con el señor del pie ortopédico tuvo una consecuencia en la casa de Mini: su casa estaba llena de juguetes sexuales camuflados: patitos de goma para el baño vibradores, ceniceros con forma de "algo" con mil nombres, sábanas de twister erótico (con una marca para poner el culo en vezde un pie...), y demás artículos que al encufarlos, descubrías algo nuevo sobre la anatomía humana. El látex no era ningún desconcocido en su hogar.
Esto era algo que Mini ya había superado (o eso quería creer), e invitar amigos a su casa no le parecía tan atroz como cuando tenía algunos años menos, cuando todavía no sabía cómo llevar la situación naturalmente.
-Hola guapísima
-Hola don Petronilo.-contestó ella con una sonrisa sincera en la cara, mientras abría la puerta.


Una vez en casa la anfitriona ofreció 1 refrigerio a su invitado, quien amablemente rechazó su oferta (acababan de comer y el café con leche por la tarde paradójicamente le daba sueño).
-¿Te importa que me ponga un poco más cómoda? Será un segundito.
Mini aprovechó el periodo de reflexión mental de Quique para salir pitando de la salita donde estaban preparados para empezar a estudiar.
"Virgencita, tú que concebiste sin pecar, permíteme pecar sin concebir"...Mini tenía esa frase taladrándole la cabeza. ¿A qué venía tanto agobio? Desde hacía unos años no tenía que preocuparse por quedarse embarazada porque había empezado a controlar su ciclo hormonal (con ayuda de su sanador de cabecera), independientemente de sus deseos de tener relaciones íntimas. Es más, fue su propia madre la que se lo sugirió en cuanto empezó en sus estudios de Sanación para evitar "imprevistos" (el hecho de que su hija fuera la excepción en cuanto a a edad de inicio era un asunto que desconocía absolutamente), y Mini, por no dar más vuetas al asunto, aceptó de buen grado.
El caso es que a pesar de estar a salvo, la duda parecía haberse asentado en su corteza cerebral y ahora descendía..no, mejor dicho, se escurría entre circunvoluciones y cisuras para meterse cada vez más y más hondo, allá donde los impulsos y lo irracional se dan la mano. Iba a sufrir un verdadero ataque de ansiedad de un momento a otro.
Ahora, sólo una frase podría empeorar su estado mental y llevarla de un puntapié a la verdadera crisis emocional:
¿QUÉ ME PONGO?
Tras revolver por sus 7 cajones varias veces encontró una camiseta XXL que le regaló una amiga tras un viaje transatlántico que sin saber exactamente por qué, le pareció fantástica. Sí, definitivamente, era algo casual que le daba un look descuidado pero sumamente estudiado, porque dejaba a la vista sus maravillosas piernecitas, era fácil de manejar, y era posible que alimentara la imaginación de su compañero. Perfecto.

Al entrar en la salita Quique la recibió con una sonrisa, ya sumergiéndose entre sus apuntes...Había que atacar ya.
-¿Qué te pareció la charla de esta mañana Quique?-Ea, la primera en la frente.
-Ehh...Bien, bueno, tampoco esperaba mucho más, ¿no? La proyección tenía un toque cutre muy gracioso
-Pues no te vi sonreir ni una vez.
-Ya, bueno...Estaba medio dormido y no hice mucho caso.
-Pues yo te vi atento.
-¿Atento?jajaaja. Tú sí que estabas atenta a lo que hacía yo por lo que veo.
Mini obviamente se quedó cortada. Quizás estaba avasallándole un poco, y no sabía cómo encaminar la conversación para que fuera algo natural.
-¿Tú lo has hecho?-No encontró otra manera más delicada
-¿El qué?
-Quique...
-¡Ah!-Los ojos de Quique se quedaron abiertos como platos, nunca habían hablado de su vida íntima.-Ehh, sí, claro,¿por?
Mini cogió aire y no se decidía a soltarlo........
-Yo no.-dijo ella sin apartar la mirada del interesantísimo lápiz rojo que tenía entre las manos
-Bueno no pasa nada.
-Ya sé que no pasa nada, no tienes por qué decirlo.
-¿Entonces qué quieres que diga?
-Nada. Pero sí que pasa.
-¿Qué? Mini lo siento pero creo que me estoy perdiendo
-Que sí que pasa algo por no haberlo hecho, porque creo que ya debería y no ha pasado todavía, y tendría que pasar...
-Mini, un momento, para el carro. No tienes por qué tener prisa. Tus razones tendrás para no haberlo hecho antes.
-Ya...claro.-Mini se quedó pensativa durante unos instantes. Quizás era el momento perfecto para planteárseo.- Mira Quique, yo sé por qué no lo he hecho antes: tenía miedo.
-Es normal Mini, todos pasamos por eso.
-No Quique, déjame terminar. Tenía un miedo exagerado a que saliese mal todo, pero después de darle algunas vueltas, comprendía que si pasaba con una persona que me diera confianza saldría bien, que no tendría por qué preocuparme.
-Claro, es muy importane estar a gusto con la otra persona.
-Ya...pues eso...-ahora era el momento-pues por eso había pensado que surgiera como un favor que me hace un amigo de confianza...
-¿Perdona?
-Sí...pedírselo a alguien para pasar por el trance juntos y ya sentirme liberada.
-¿Cómo has podido llegar a esa conclusión?
-No sé, descarté hace tiempo un encuentro romántico porque además supongo que me sentiría más presionada por no hacerlo mal.
-¿Y has pensado a quién vas a pedírselo?
-Sí...A ti.

Un cubo de agua fría cayó sobre el pobre Quique
-¿¡QUÉ!?
-No pongas esa cara,no es tan malo.
Quique seguía atónito, dándole vueltas a las ilusiones que se había hecho esa mañana cuando ella lo invitó a su casa...pero esto distaba mucho de lo que se habría podido esperar.
-Quique, dime algo.
-Mini...lo siento mucho pero no cuentes conmigo para que te ayude. No sé qué será lo que te habrá movido a tomar esta decisión pero francamente no creo que sea la más adecuada para ninguno de los dos. Tú te mereces tener algo más que un pacto con un amigo, y por otro lado no estoy seguro de que nuestra amistad no sufriera daños colaterales.
Mini apretó los labios los más que pudo, porque le ayudaba a reprimir las lágrimas que ahora parecían iban a inundar la mesa llena de apuntes.
-¿Que pasa?¿es que no te gusto?-dijo con la voz quebrada
-Mini, no tiene nada que ver con que me gustes o no. Simplemente creo que la vida tendrá algo mejor reservado para ti, y no tienes que rendirte conmigo.
-¿Es que te ha ofendido mi propuesta? Pensé que si te lo explicaba lo entenderías, tú eres muy comprensivo Quique...
-No tranquila, yo ya lo he olvidado, y creo que tú deberías hacer lo mismo. No pienso que debas agobiarte con estas cosas, cada uno tiene su momento y no tienes que demostrar nada a nadie.
Mini rompió a llorar sobre el hombro de su amigo, y así se tiró un buen rato hasta que se levantó a por un poco de papel para sonarse. Ya estaba ago más calmada y se sentó frente a sus apuntes, dispuesta a repasar para mañana.
-Anda, vamos a ponernos ya con esto, que después del mal rato con mis tonterías no quiero ni pensar cómo sería suspender por culpa de ellas.
jajajajajajaajajaja. Los dos rieron con ganas, liberándose de aquellos restos de amargura que es quedaban por el cuerpo. Una vez calmados y con los animos a punto, Quique preguntó:
-¿Te encuentras bien?

-Ahora sí Quique, ahora sí.








1 mar 2009

¿Te quedas en casa?

Volvieron a encenderse las luces de la clase y se encontró con unos ojos curiosos que lo escudriñaban desde su izquierda.
-Hola Mini.-Saludó por fin Quique. La hora que habían pasado juntos transcurrió sin ningún comentario entre ellos, posiblemente por lo delicado del tema.
-Hola.
Mini seguía mirándolo, pasando de los ojos a las manos, callada y expectante ante cualquier movimiento. Quique realmente no entendía ese comportamiento porque normalmente el que se permitía la licencia de estar callado observando era él mismo, y sentirse el motor de la conversación era algo que le resultaba cuanto menos extraño.
-¿Cómo llevas el examen de mañana?-decidió empezar preguntando algo típico, aunque odiaba las disputas banales sobre quién había estudiado menos un exámen.
-Bien, la verdad que sólo me quedan por repasar los temas 4, 8, 15, 16...eh, espera que no me acuerdo.
-¿23 y 42? jajajajaja, claro, esos temas yo también me los he dejado un poco atrás, porque la verdad es que dudo mucho que los pregunten.
-Bueno, yo no estaría tan segura de que no los vayan a preguntar,¿eh? ¿Has visto el examen que pusieron hace 3 años? Fue muy complicado, no estoy segura si ahora mismo yo hubiera podido contestar bien todas las preguntas.
-Bueno Mini, pero se podía aprobar.
El gesto de ella se torció ligeramente.Volvía a adoptar esa postura callada y sus ojos seguían analizándole de nuevo. Tras un espacio de tiempo que a él le pareció infinito volvió a la conversación:
-Entonces,¿tú crees que lo llevas más o menos bien?-En la jerga estudiantil, preguntar directamente si uno llevaba bien un exámen era una tontería porque eran pocos los que, como Mini, no tenían reparos en decir la verdad.
-Sí, eso creo.
-¿Qué te parece si hoy también hacemos tarde de estudio? Podríamos repasar juntos y resolver dudas de última hora.
-Pero Mini, hoy la biblioteca y la sala de estudio va a estar llenísima de gente, y sabes que antes de un exámen no es lo que más me gusta.-Quique ya había tenido tiempo de hablar con sus compañeros sobre sus pequeñas fobias sociales, que aunque tenían poco de limitantes, alteraban un poco sus nervios.
-Claro que lo sé, por eso había pensado que fuéramos a mi casa. Mis padres están fuera hasta el lunes, así que estudiaríamos de maravilla.
El corazón de Quique de repente empezó a bombear tan fuerte que por un momento sus latidos fueron el único sonido que registraba su cerebro.



Pasar la tarde a solas con Mini en un ambiente que no fuera el de la biblioteca era algo absolutamente inusual. Su mente fue invadida por cientos de imágenes, desde las más castas a las más subidas de tono. Con sólo decírselo ya estaba experimentando escalofríos por todo el cuerpo, pero su cabeza le recordaba que la invitación era para estudiar...¿Quién iba a poder estudiar¿ Tampoco quería perder la ocasión de estar con ella esa tarde...

-Bueno Quique, entonces...¿te quedas en casa?

25 feb 2009

Me quedo en casa


Hoy no era un buen día para Naldo. Se había visto con el agua al cuello...otra vez.
Ahora mismo se encontraba en casa, todavía en pijama y perdido entre pilas de apuntes que se alzaban sobre su cabeza repartidos por su mesa de estudio. Exámenes de otros años, listas de posibles preguntas, apuntes propios, del profesor y ajenos (algunos prestados, otros prestados "a escondidas")...ese gran montón de papeles le miraba amenazante, manteniendo un equilibrio imposible a pesar del caos del que eran resultado. Y en medio de todo eso, una cabecita atrapada entre dos manos que la obligaban a mantenerse erguida.
Naldo lo había vuelto a hacer. El periodo de tiempo libre que disfrutaban entre exámenes era un bien que la mayoría de alumnos de sanación, a estas alturas de su formación, sabían aprovechar. Casi todos se daban unos días de descanso, pero pronto corrían a incorporarse a su rutina de estudio. Esto les ayudaba a no perder el ritmo, porque si sucedía así, el choque del relax absoluto contra el estrés pre-exámen podría ser brutal. Precisamente eso le había pasado a él, porque nunca aprendía la lección. Siempre dejándolo todo para el último momento. Su buena memoria e inventiva le habían ayudado a seguir con este método durante toda su etapa escolar, y ya en Sanación, a pesar de encontrarse con un volumen mayor de contenidos, todavía le seguía funcionando para casi todo. Pero esta vez se reprochaba a sí mismo no haber estudiado antes. Quizás si hubiera compartido con Mini y Quique alguna tarde de estudio...pero eso habría sido peor, porque pasar una tarde entera delante de Mini lo dejaría absolutamente desconcentrado (¡con lo fácil que era desconcentrarlo!), y pasar 3 horas observando a alguien desconcertante como era ella habría consumido sus nervios. Por esa razón prefería irse solo a estudiar.
Hoy estaba muy agobiado porque era el día antes del exámen. Estos días él prefería dejarlos para repasar, pero si no había más remedio, pues tenía que ponerse a todo trapo a mirarse los últimos temas que le faltaran. Para este exámen se le había ido un poco la mano y tenía que mirarse por primera vez gran parte del temario, y no sabía exactamente cómo lo iba a hacer. Tenía la sensación de que aquello que había estudiado los días anteriores estaba en alguna parte de su cerebro oscura y mal ventilada, y que difícilmente saldría el día del exámen. La inseguridad se apoderaba de su mente a cada minuto que pasaba. No sabía ni por dónde empezar.
Menos mal que decidió quedarse en casa para aprovechar el máximo tiempo posible. La verdad que no le resultaría difícil inventarse cualquier excusa para su ausencia en la proyección de sexualidad...Además,¿qué iba a perderse ese día?


22 feb 2009

Bandera blanca

Hoy era el día en el que ponían la famosa proyección.


Los alumnos fueron entrando en clase a trompicones, en pequeños grupos y formando el alboroto habitual que se espera a la la 1 de la tarde...aunque hoy un poquito mayor.


Se iban sentando, ocupando los asientos del fondo para poder relajarse y comentar la película, puesto que en pocas ocasiones tenían la oportunidad de estar a oscuras en clase sin tomar apuntes.


La asignatura en cuestión era sexualidad humana. Desde hacía varios años se había impuesto como una de las más duras del curso, porque en su temario abarcaban también lo que antiguamente conocían como ginecología, algo de psiquiatría y antropología. Por esa razón, una proyección de la que no pedirían cuenta los profesores, era la excusa perfecta para relajarse y pasar un rato entretenido...al fin y al cabo, hablarían de sexo.

La profesora entró en el aula, se colocó delante de los alumnos y bajó las luces con un interruptor que tenía bajo la mesa. Pulsó otro, y sin mediar palabra con sus espectadores, dio comienzo a la proyección.



Mini se había esperado hasta que todos sus compañeros entraran en la clase. No quería tener la oportunidad de elegir un asiento que casualmente la condujera a estar cerca de Naldo. No, ella esperaría a que todos estuvieran ocupados y entonces no habría que comerse la cabeza para sentarse cerca o lejos del causante de sus dolores de cabeza. Esperó prudentemente en la puerta de la clase, hasta que vio que las luces se apagaron. Entró escopetada y buscó un sitio libre.

Cerca del pasillo, y casualmente al lado de Quique, había un lugar vacío esperándola. Se abrió paso entre la gente y haciendo el menor ruido posible se sentó, sacó un folio, un lápiz y miró la pantalla.


"Oh Johnny, ¡¿qué tienes en el bolsillo?!"


Tropecientas risitas recorrieron cada esquina de la clase. A Mini esto le parecía de lo más absurdo. Si no fuera porque era una clase de asistencia obligatoria, gustosamente se habría ido a estudiar Homeopatía o cualquier otra tontería, antes que quedarse con esa panda de niños hiperhormonados. Ya lo había hecho otras veces este curso, y es que había una asignatura con profesores un tanto nefastos que habían hecho que por primera vez en su vida pasara de ir a clase. Si ellos fueran capaces de dar una clase magistral de esas en las que sales sabiendo los puntos claves del tema, con una idea más o menos clara, y que sólo con repasártelo esa tarde ya te lo sabías, pues estupendo, pero como no era el caso y sentía el respaldo de sus 2 compañeros, había decidido dejar de ir.


Otra oleada de risitas, ahora un poco más socarronas. Ah, claro, a Jenny se le notaba que "tenía frío". Miró a Quique de reojo. Él no se había reído. Lo habría reconocido al instante, porque él tenía una risa muy particular y contagiosa. Ahora que se fijaba en él, Quique estaba bastante tranquilo mirando la película. No tenía nada que ver con el resto de compañeros que se daban codazos de vez en cuando, y hacían bromitas a sus compañeras. No, Quique estaba simplemente atendiendo.


¿Atendiendo el qué? ¿Acaso no sabía de sobra ya lo que iba a ocurrir? Johnny y Jenny tenían por delante una interesante velada juntos, que posiblemente terminara en embarazo. O quizás Johnny sea un chico listo, y no pase nada. Entonces Jenny conocerá a Jamie, y éste será el que le haga el bombo, con la excusa de "por una vez no pasará nada". Qué tontas podemos llegar a ser a veces las mujeres. Jenny debería ser la que decidiera qué se hace y qué se deja de hacer entre sus piernas, pero como no le pusieron esta proyección en su día, ahí la tienes, con dos ex y un parásito en toda regla creciendo y alimentándose en su útero.

Esa catástrofe anunciada distaba mucho de lo que podría pasarle a Mini, y todo por una simple razón: no había mantenido relaciones "íntimas" en su vida, y no tenía intención de hacerlo en un futuro próximo. Cuando tuvo la oportunidad con un noviete de adolescencia, no le pareció que fuera buena idea porque le horrorizaba la idea de quedarse embarazada a esa edad. Sabía que los métodos de protección que en ese momento estaban a su alcance no le proporcionaban más que un 95% de fiabilidad, y obviamente, se negó en rotundo a hacerlo para después cruzar los dedos y esperar no ser ese temido 5%. Después tuvo la oportunidad de conocer otros chicos, entender mejor el desarrollo de su propio cuerpo y escuchar sus necesidades, acercarse a una madurez intelectual más próxima a lo que ella consideraba responsable para iniciar relaciones...pero todo esto no hizo más que enseñarle lo que ella había estado intentando ignorar años atrás: tenía miedo. Miedo a la respuesta del otro, miedo a la respuesta de su propio cuerpo (¿quién no ha escuchado alguna vez historias terribles de primeras veces?), miedo a las inevitables consecuencias de algo que sería irreversible. Después de algunos años de espera, Mini fue viendo cómo su círculo de amistades iba incluyendo la sexualidad de una forma sana y de lo más natural en sus vidas, y hasta encontró irritantes aquellas encuestas que le recordaban que se encontraba fuera de lo "normal" respecto a edades de inicio. Tuvo su tiempo para darle mil vueltas al tema en su cabeza, reflexionó sobre las posibilidades de cómo sería la mejor manera. Hacía tiempo que había desestimado la idea de un primer encuentro romántico y perfecto, así que lo más sensato por su parte era trazar un plan que le asegurara un resultado, al menos, previsible.

Consistía en tener un amigo de confianza, ya experimentado (no quería más momentos tensos de los estrictamente necesarios) y que estuviera dispuesto a "quitar el precinto" (maldito Tom Wolfe y su Charlotte Simmons), con todo lo que eso incluía: paciencia ante la inexperiencia de Mini, conocimiento de las posibles adversidades de un primer encuentro...Pero lo más importante era que ella no quería sentir nada por él, tan sólo una simple amistad. El hecho de verse a sí misma de un modo torpe ante alguien que realmente le importara le causaba más de un quebradero de cabeza, y el ridículo que asomaba por la esquina acrecentaba cada vez que se imaginaba la bochornosa situación de no saber qué hacer. Ese tipo de cosas no le pasaban, y no dejaría que el sexo fuera una de ellas. No pretendía que el compañero que amablemente le hacía el favor fuera engañado, sino que hablaría antes con él para explicarle su situación, y así evitaría malos entendidos.

Viendo el ambiente general de la clase, finalmente lo tuvo claro. No iba a esperar más. Agitaba por fin la bandera blanca. Se había rendido a las presiones y por fin daría el gran paso.

Ahora que Mini había hecho un repaso mental de cada parte de su plan, se dio cuenta de que sólo le faltaba buscar al amigo que la ayudara a pasar el trance.




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