Llevo 4 meses sin actualizar. 6 sin pensar en ninguna entrada de creación propia.
¿Qué me ha pasado? ¿La fiebre bloggera se fue? ¿Así, sin avisar?
El desencanto del fin de mi vida estudiantil arrasó con mi capacidad creativa. Sanación quedó coja con las tramas en el tintero. La separación real de las 4 fundadoras caló hondo en el alma del BudaDorado.
Y es que volver a sentarme aquí me hubiese costado el doble de trabajo si no fuera por la debutante PrettyInPink. Ella acaba de descubrir este maravilloso mundo donde verter ideas, emociones y paranoias sin ser censurada. Gracias a ella y a una conversación melancólica con AlmendraPuck me he propuesto volver a escribir un poquito más a menudo, aunque sea sólo por puro ejercicio mental. Al fin y al cabo es una actividad que me mantenía muy entretenida y que logré conciliar con el resto de aspectos de mi vida.
¿Y qué contarte de mi nueva vida?
Pues que en un año ha dado un vuelco tremendo. De ser la estudiante tranquila que deseaba quedarse de vez en cuando remoloneando en casa y saltarse alguna clase, a ser la opositora tranquila que se pasó todos los meses de preparación en casa estudiando-remoloneando, a finalmente convertirse en la MIR de Familia que decidió vivir en Sevilla y aprovechar cuando puede para quedarse en casa si su tutor no aparece.
¿?
Vale, no ha sido tan tremendo. La personalidad no ha cambiado. Eso creo que es bueno, ¿no?
Pero cada etapa que he ido quemando ha hecho una muesca en la hoja del cuchillo.
El MIR lo recuerdo agridulce. La preparación autista en casa, las semanas en pijama, los simulacros, los sábados jodidos en la academia, el resultado, la insufrible espera con las pertinentes cábalas sobre tu puesto, y la noche antes de la elección de plaza.
Alguien debería decir un poco más en serio lo jodida que es esa noche. La previa al MIR es pasable...La de elección de plaza fue una de las peores de mi vida. Y aunque una vez elegido tu ranking sientes una liberación supracósmica, los momentos previos de duda sobre los próximos años de tu vida se hacen realmente insoportables.
Lamentablemente así lo viví yo. Y aunque afortunadamente ahora puedo decir que estoy muy contenta con mi elección (después de horas interminables de pros y contras), me queda la espinita de haber elegido en función de mi puesto. Contradictoriamente, mucas veces deseaba que así fuera, de manera que la difícil elección de especialidad o ciudad se viese por sí sola resuelta (prácitcamente al final no tuve dudas respecto a este tema)...pero ya sabes querido lector, que mi ego está a flor de piel y con nada se siente herido.
Ahora está la etapa de la Medicina de Familia. Sí. Yo.
Charada, pobrecita mía, me dijo que no veía de MF. Almendra, por otro lado, me vendió las mieles de la especialidad. Y yo me leí en 6ºde carrera dos libros sobre médicos de familia convencidos, y creo que terminó calando el mensaje.
El resultado es que 3 de las 4 fundadoras han acabado haciendo la misma residencia. Tulpi, con resultados por encima del bien y del mal optó por otra forma cómoda de ver la vida pero con más prestigio socioeconómico.
Y yo me pregunto...cuando acabe la residencia, ¿seguiré tan convencida con mi elección?, ¿me habré hartado de sentirme menospreciada por la plebe? ¿seré una médico de cabecera querida por su cupo? ¿malviviré a base de guardias penosas?
Esto sólo el tiempo lo dirá, pero hasta que lleguemos a ese momento lo mejor es no preocuparse y poner buena cara a lo que venga.


