17 abr 2019

Masaje oriental

-No tenemos cita pero queremos informarnos-contestó rápidamente Almendra.
La joven miró al grupo de arriba a abajo, imaginando qué tipo de información venían buscando. Vale que en su oficio veía de todo, ya estaba curada de espanto, pero 4 señoras con 3 jóvenes no eran lo que se dice un grupo habitual de frecuentadores al centro. Después de unos segundos de duda, los dejó pasar con un seco "Síganme".

La menuda trabajadora caminaba a pasos pequeños y silenciosos a través de oscuros pasillos, con cortinas y telas que separaban distintas habitaciones y nuevos pasillos. Parecía un laberinto en el que se mezclaban varias culturas orientales (árabe, tailandesa, japonesa...) pasando rápidamente por colores y olores que les transportaban por todos aquellos exóticos lugares.
Llegaron a recepción, donde otra joven envuelta en sedas les recibió con una sonrisa en sus ojos (ya que sus labios estaban convenientemente tapados por una seda violeta semitransparente).
-Quieren info-y sin mediar más palabra, la primera joven desapareció detrás de una de las pesadas cortinas.
El grupo permaneció unido mientras delicadamente la recepcionista fue sacando folletos y depositándolos en forma de abanico sobre la mesa. Todos se acercaron, respetando el silencio que reinaba en la estancia, pero cuando pudieron ver con claridad el contenido de los folletos, más de un Oh de asombro se escapó de sus inocentes bocas.

Los folletos detallaban con lujo de detalle una serie de masajes eróticos a elegir. Los masajistas, masculinos o femeninos, a elección del consumidor, podían estar semidesnudos o desnudos al completo según la tarifa deseada.


...Basados en técnicas de relajación esmeradamente elaboradas y combinadas con la máxima sensualidad y erotismo proporcionado por el tacto sensorial en las zonas más sensitivas del cuerpo, llegando así a un estado máximo de pacer (clímax) y alcanzando la liberación del placer acumulado durante el masaje...

Quique, Mini y Naldo estaban rojos como tomates. Mini acordándose de la propuesta fallida a Quique, éste preguntándose por qué tuvo que ser tan estúpidamente correcto y no aprovechar la oportunidad de estar con Mini, y Naldo sintiendo que toda la sangre de su cuerpo viajaba a toda velocidad lejos de su cerebro imaginándose en cualquiera de esas salas a solas con Mini en topless.

En cambio, Buda, Almendra y Tulp miraron con incredulidad a Charada, antigua clienta del local, y que atónita miraba los folletos a la vez que se excusaba e intentaba aclarar que cuando ella iba SÓLO eran masajes, inocentes, con ropa y sin tocamientos impuros.

La recepcionista esperó unos segundos de cortesía, hasta que preguntó si tenían alguna preferencia o petición especial.
La Srta. Tulp rápidamente tomó la palabra adelantándose al resto del grupo, y comenzó a informarse detalladamente de los tipos de masajes, tarifas y salas, bien para ganar tiempo, bien para satisfacer su propia curiosidad.
-Os lo juro, os lo juro que esto ha cambiado muchíííííísimo-repetía una Charada a punto del colapso.
-Te creemos-respondía el Buda Dorado, con una risa ahogada-pero ahora tendremos que averiguar donde está La Sala de los Espejos. 
Mirando a su alrededor, Charada estaba de nuevo al borde de la lágrima, con una mezcla de agobio y vergüenza. Justo entonces se volvió a reunir con ellos Tulp, que muy satisfecha con ella misma les comunicó sus avances.
-Tengo una buena noticia y una mala. La buena es que ya he descubierto dónde está actualmente La Sala-miró de uno en uno a sus oyentes y con una media sonrisa prosiguió-es la sala VIP donde permiten hacer las reuniones de mayor nivel erótico (es fácil imaginarlo si es una habitación con espejos por doquier). El problema es que para entrar tendremos que pagar por hacer uso de la misma, y no es precisamente barata.

Con las prisas de los ataques, nadie llevaba encima suficiente dinero como para hacer uso de esa habitación, y después de unos minutos de discreta discusión, Tulp volvió  tomar la palabra.
-Tengo un plan, pero debéis hacerme caso a rajatabla. Me voy a sacrificar
-¿Cómo? ¿Qué dices? ¡Te necesitamos con nosotros!-decían unos y otros sin parar
-No, no...no me entendéis. Me voy a sacrificar contratando un servicio de menor rango, y aprovecharé para distraerlos mientras que vosotros os coláis en La Sala de los Espejos.
Mientras anunciaba su decisión, una sonrisa de autocomplacencia surcaba la cara de Tulp.
-Ehhh bueno, vale, pero no te entretengas mucho-reprochaba Almendra-¿Cómo sabremos cuándo entrar?
-Mientras esté haciendo la reserva y me conduzcan a la sala de masajes, usaré mi don para mover las cortinas con ráfagas de viento elegantes y sobretodo discretas. De ese modo os dejaré el camino libre y os ocultaré de los que pretendan cortaros el paso mediante velos y telas estratégicamente colocadas. Ya he visto en el plano dónde está localizada, así que sólo tenéis que seguir el camino que os iré abriendo por los pasillos.

Quedaron todos encantados con la idea (aunque las fundadoras no dudaron en que Tulp iba a quedar más encantada que ninguna después del masaje especial) y decidieron que en cuanto hubiesen recuperado la piedra de Aguamarina, irían a buscarla en la sala Japón, y así huir juntos de ese antro de perdición.



15 abr 2019

La capital

-¡Ahhhhhhhh! Mmmmm...El cielo aquí es diferente, ¿no creéis?

Mientras Charada aspiraba con aire de ensoñación, uno a uno fueron apareciendo el resto de nuestros protagonistas a través de la puerta giratoria, tosiendo e intentando retirar la polución de sus vías aéreas.

-Vamos, subimos por esa calle, luego dos cuestecitas de nada, y ya estamos en La Sala. 

Naldo lideraba la marcha tras Charada, que ligera como una pluma subía por la cuesta adoquinada. El resto los seguía como podían. Cerrando la fila, el Buda y Almendra, arrastrando la primera su túnica y la segunda su poncho, seguían lo más dignamente el curioso desfile que habían formado.
Lo más curioso sin embargo, era que allí nadie les miraba con extrañeza. Es más, nadie realmente parecía verlos cruzar a su lado. Los habitantes de la capital, y más concreto de ese barrio, se habían acostumbrado a recibir a los perros verdes de la nación, a los raros, a los que los convencionalismos les quedaban estrechos, o le hacían querer rascarse donde se clavaba la etiqueta con la que no querían vivir nunca más. Para Charada, no eran más que sus vecinos. A algunos los seguía saludando, incluso se paró para ayudar a subir a una señora cargada de naranjas el resto de la cuesta.

Todos se reunieron en lo alto de la cuesta, en una bonita plaza con pintadas y macetas que mezclaban lo transgresor con lo cañí. En uno de los laterales de la plaza vieron una puerta de madera de dos hojas, con una altura que parecía hecha para el recibimiento de señores a caballo. La madera parecía bastante podrida y estaba adornada con cientos de grafitis, que apenas dejaban entrever el verdadero color del material primigenio. Frente a ella se reunieron por indicación de Charada, esperando sus instrucciones.

-Veréis...el sitio puede que haya cambiado un poco. Cuando yo llegué era un santuario asiático donde buscaba poder meditar como hacía el Buda...Luego me enteré que se daban masajes, y me pareció mejor idea todavía.
Charada hizo una pausa dramática para buscar miradas de desaprobación, pero sólo encontró risitas por parte de los tres jóvenes, y unos ojos en blanco de pura exasperación en la cara de la Srta Tulp.
Almendra tomó la palabra.
-Bueno, vamos a ver qué ha pasado con el lugar, y sobretodo, vamos a descubrir de una vez por todas si La Sala sigue intacta para que podamos proseguir con nuestra misión.

Llamaron a la portentosa pero estropeada puerta, y efectivamente una joven con rasgos asiáticos salió a recibirles:
-¿Tenían cita?



13 abr 2019

La Sala de los Espejos

Nuestros tres amigos tuvieron que esperar una ETERNIDAD a que Charada terminase de consolarse por la destrucción de su querida escuela de Agua. Cualquiera pensaría que habían pasado 8 años intentando recomponer los ánimos de la fundadora más pizpireta, y de paso lograr sacar en claro dónde exactamente había escondido la piedra aguamarina que albergaba su don.

-Pues os lo acabo de decir-aclaraba Charada entre los últimos sollozos
-Sí, pero a mí personalmente la Sala de los Espejos no me suena de nada-replicó el Buda, y dirigiéndose a sus otras cofundadoras prosiguió- ¿Vosotras habíais oído hablar del lugar?
Tanto Almendra como la Srta. Tulp se miraron arqueando sus cejas y entrecerrando los ojos, intentando hallar en algún lugar recóndito de sus mentes la solución. Finalmente desistieron.
-Es normal que no conozcáis La Sala-intervino finalmente Charada-Lo descubrí hace un tiempo, en mis años mozos post-graduación. Recordad que me dediqué a viajar y a relacionarme con los seres más alternativos y variopintos que pude encontrar, y precisamente allí descubrí esa habitación tan especial.

Todos se quedaron expectantes. Quique, Mini y Naldo muertos de curiosidad, porque todo lo que formara parte de la historia de las fundadoras era una mezcla de leyenda mística que los fascinaba; y las fundadoras casi aún más, porque la etapa viajera de Charada les pilló de sorpresa (nunca sospecharon que se atreviese a vivir ciertas aventuras exóticas sin la compañía y seguridad de sus amigas).

-Tenemos que viajar a la capital. Allí esta La Sala con mi pequeño secreto escondido. No descarto que vaya a necesitar la ayuda de todos y cada uno de vosotros, ya que al ponerlo bajo la protección de los espejos, quizás cometiera el error (o la genialidad) de sobrepasarme con las medidas de seguridad. -y sonriendo, Charada se dirigió hacia la puerta giratoria, indicando al resto de oyentes que la siguieran para hacer un viaje más largo del que imaginaban.


5 jul 2015

Saliendo del túnel

Yo tuve dos diarios.
El primero me lo regalaron mis padres a modo de cuaderno de bitácora cuando viaje por primera vez a Inglaterra. Era el verano de mis recién cumplidos 13 años, y por primera vez me embarcaba en un viaje sin familia y a un país extranjero (he de explicar que como muchos otros españoles, lo único extranjero que había pisado era ese típico pueblo portugués al otro lado de la frontera...). El diario allí me sirvió básicamente para hacer una lista de dinero y ropa que no debía perder, porque eso de transcribir mis aventuras e inquietudes en una habitación donde habitaban 15 chicas más, se me antojaba imposible.
Así que cuando terminó ese viaje, mi diario empezó a ser usado como un verdadero diario, aunque con historias tan poco suculentas como "hoy me han dado las notas y vuelvo a tener todo sobresaliente" o "me estoy comiendo un magnum doble-chocolate y estoy empachada".
Mi "yo" de trece años poco a poco fue introduciendo capítulos donde comentaba pequeñas críticas a las que por entonces consideraba mis amigas, y explicaciones de mi día a día. Se iba poniendo interesante, aunque siempre cojeaba del mismo pie: no tenía constancia. Igual que en mi blog, querido lector, escribía con semanas o meses de separación...Y era algo que de verdad me daba mucha rabia, pero no conseguía controlar.
Fui creciendo, y el diario entró de lleno en mi etapa adolescente. Describía a mi amor platónico del colegio, cómo lo vigilaba junto a mis amigas en el recreo, y lo horrorosa que me pareció su novia de aquel entonces que vino a recogerlo un día que se había doblado el tobillo. De hecho hice un pequeño dibujo para ilustrar la fealdad de aquella odiada y odiosa chica.
No quiero estropear la magia de esta historia, pero creo que puede que te alegre saber que en la actualidad el Buda está involucrada en una bonita y duradera relación sentimental con ese amor platónico de sus 14 años...También te gustará conocer que en un momento de confesión en el que el Buda reconocía la hipervigilancia a la que tenía sometido a su enamorado, éste reconoció que la descripción que tenía el Buda en su mente era increíblemente exacta (con cada parte fea incluida).
El diario se fue llenando de ilusiones, esperanzas y decepciones, como viene siendo natural en la vida de cualquier adolescente. También momentos tristes, y dudas existenciales sobre el futuro.
Sus páginas se acercaban al fin mientras mi etapa escolar llegaba también al suyo (te recuerdo, querido lector, que estuve en el mismo colegio hasta entrar en la Universidad).

Y llegó mi segundo diario. El Buda ya se consideraba a sí mismo más adulto, y eso de escribir mis miedos y esperanzas en un cuadernillo parecía una tontería...pero de vez en cuando, en los momentos de soledad o insomnio, alguna paginita de resumen caía.

Escribí y escribí, hasta que un día un miedo irracional me invadió. Bueno, he de rectificar...no era tan irracional, pero sí que tuvo una respuesta irrevocable. El miedo, querido lector, no era ni más ni menos ser descubierto.
Así de simple.
Siempre había mantenido un escrupuloso cuidado del lugar donde escondía mis notas personales, pero como el Buda no vive solo, siempre podría pasar que sin querer alguien encontrara ese lugar secreto y echara una ojeada.
Realmente no es que dijera cosas malas, pero al ser taaaaaaaaaaaan reservada, era una idea que me atormentaba.
Hice brevemente una lista rápida de pros y contras, y me aterraba tanto descubierta, que directamente, y sin darle más vueltas, rompí los dos diarios.


Un alivio gigante llenó mi mente y mi alma, pero una pequeña parte añoró el volver atrás y releer las tonterías que escribía un pequeño Budita que empezaba a probarse a sí mismo en esto que llaman la vida.
Y es que el mayor placer de tener el diario era volver a transportarse a aquel instante.

¿Y por qué te cuento todo este rollo? Porque esta tarde he podido volver a sentir esa satisfacción gracias al blog. Releer mis entradas, mis idas de olla o mis historias sobre Sanación me han alegrado enormemente.
Una de las cosas que más feliz me ha hecho, y precisamente ha sido la catalizador para la creación de esta entrada, ha sido leer mis dos últimas entradas, donde me quejaba de mi etapa MIR y me sentía tan perdida.

Lector, tú ya sabes que por suerte ya no me siento así. Ya he salido al otro lado del túnel, y hay luz para todos.

Gracias por estar en la vida real a mi lado, porque me has ayudado a buscar en mi mente ese camino que desde siempre había querido explorar. Gracias por compartir experiencias y actividades que me han ayudado a sentirme más segura en la vida laboral que me ofrece el verano (y las Navidades, y la Semana Santa...). Gracias por no dejar que desespere y recordarme que siempre habrá un huequito para mí donde podré ser feliz.




9 ago 2014

Vacaciones en Roma

Sin pretender irrumpir en la ilegalidad, el título de mi entrada de hoy es "Vacaciones en Roma", homenajeando (que no copiando) a la famosa película de una jovencísima Audrey Hepburn y un siempre elegante Gregory Peck.
El motivo, como podrás imaginar querido lector, es que yo misma disfruté en mis carnes doradas unos merecidos días de descanso en la Ciudad Eterna.

Qué te puedo decir...Mucha pasta y gelato, mucho calor, mucho andar y buenos recuerdos que me llevo en la maleta. Me ha servido ciertamente para desconectar y olvidarme de agobios varios.
Las semanas anteriores a mi viaje fueron un tanto inusuales.
Durante 3 semanas estuve al mando de la consulta, porque mi tutor se había ido de vacaciones. Estos días me han servido para reconciliarme con aquellas cosas que me gustaban de la Atención Primaria. La "faena de aliño" como dice mi tutor (hacer chapucillas porque sabes que son chorradillas el 95% de las cosas que te consultan). Tener sólo un aviso domiciliario, y que fuera facilito...congratularme con la cuidadora y darles tranquilidad. Recibir halagos por mi simpatía y buen hacer (a base de ser más permisiva de la cuenta respecto a derivaciones y añadirlos en la lista de consulta si se había equivocado con la cita).
Otro evento que me tuvo bastante ocupada y nada centrada en el trabajo fue la boda de mi queridísima Almendra Puck. Sí, su boda. Enlace matrimonial con ceremonia religiosa, convite, baile y despiporre final. Una fiesta que duró 3 días ni más ni menos. Sólo ella y J. podían lograr algo así.
Como pertenece al núcleo más íntimo de mis amistades, puedo decir que ha sido la boda que he vivido con más nervios y emoción de los últimos 10 años de mi vida.
Fue bonita. No le faltó un perejil.
Y a pesar de perderme detalles que Almendra había querido mantener en secreto para no reventarme todas las sorpresas de su boda (puedo decir que manejaba bastante info de la preparación de la misma) y de no hacerme una foto en solitario con ella, fue espectacular y me quedé con un vacío en mi corazón en cuanto se terminó.




Días después mi única tarea se resumía en recolectar fotos y vídeos del evento para seguir reviviéndolo una y otra vez.



 

7 jul 2014

¿Qué te puedo decir?

Y es que parece ayer...
Parece ayer la última vez que escribí en el rincón del BudaDorado, resistiéndome a abandonar esta afición/terapia que ocupaba tantas tardes y noches de mi etapa universitaria.
Sí, querido lector. Una vez llegó el MIR a mi vida (entiéndase preparación MIRm exámen MIR y formación MIR) arrasó con toda capacidad creativa y ganas de sentarme a hablar de lo que me pasaba. Sólo hubo un breve periodo que quedó libre, donde pude relatar brevemente mi trauma miriano post-exámen, con idas de olla y dudas existenciales, que volvieron a ser silenciadas en cuanto  llegó mi incursión en el mundo laboral.

¿Y qué te puedo decir, 4 años después de terminar mi etapa universitaria?

Te puedo decir que era muy ingenua. Te puedo decir que no me equivocaba cuando me decía a mí misma que era una privilegiada por tener amigas con las que hacer chuletas en miniatura y comer bizcochos de chocolate escondidas en la Madriguera. Te puedo decir que mi duda de ciudad o especialidad se vio cruelmente resuelta al darme una nota tan baja, definiendo/agriando un poco mi carácter. Te puedo decir que creo que la medicina de familia no era para mí tal y como sospechaba Charada, por muchos libros inspiradores que me leyera...aunque tampoco estoy segura de qué era verdaderamente para mí, ni si realmente lo hay. No es que no me guste la medicina, que me encanta, y en muchas de sus variantes... pero hay un punto gatillo, que no identifico o no quiero identificar, que me hace plantearme cuál es mi lugar idóneo y por qué no lo he encontrado todavía.

Y es que en unos 9-10 meses se acaba mi formación MIR, y yo no sé qué hacer.
No sé si lanzarme al mundo laboral y buscar un hueco que se adapte a mi formación, a pesar de la crisis, el paro y los contratos basura. No sé si volver a iniciar este ciclo de sumiso e inferior social dispuesto a ser explotado que implica ser residente de alguna especialidad de la que no estoy segura (ni creo que lo esté) que me permita un sueldo bajo pero relativamente asegurado durante 4 años, con la propina de otro título bajo el brazo.
No sé...No sé...

Me gustaría tener una bolita de cristal que me ayudara a ver qué pasaría si elijo un camino u otro, o tener una premonición o un aviso supracósmico que me indicara el camino a seguir.

Ha sido una etapa complicada; Charada se fue, la Srta Tulp no se fue tan lejos pero la perdí por el camino (hasta hace unas semanas), y Almendra, que se quedó (o mejor dicho, yo me quedé con ella, asustada por el futuro) probablemente se vaya si no hay nadie que la convenza de lo contrario.
Y ahora vuelve a girar de nuevo la rueda. Vuelven las dudas de dónde va a ir a parar cada una, y yo no quiero tener la incertidumbre de si volveremos a separarnos aún más.
No quiero, no quiero y no quiero.

Como ves, querido lector, el Buda se ha agriado un poco. Sigue pasota pero su lado luminiscente y positivo "todo irá bien" se ha empequeñecido en este tiempo.

Ayúdame a recuperarlo.






 

8 sept 2011

Largo paréntesis

Llevo 4 meses sin actualizar. 6 sin pensar en ninguna entrada de creación propia.
¿Qué me ha pasado? ¿La fiebre bloggera se fue? ¿Así, sin avisar?
El desencanto del fin de mi vida estudiantil arrasó con mi capacidad creativa. Sanación quedó coja con las tramas en el tintero. La separación real de las 4 fundadoras caló hondo en el alma del BudaDorado.

Y es que volver a sentarme aquí me hubiese costado el doble de trabajo si no fuera por la debutante PrettyInPink. Ella acaba de descubrir este maravilloso mundo donde verter ideas, emociones y paranoias sin ser censurada. Gracias a ella y a una conversación melancólica con AlmendraPuck me he propuesto volver a escribir un poquito más a menudo, aunque sea sólo por puro ejercicio mental. Al fin y al cabo es una actividad que me mantenía muy entretenida y que logré conciliar con el resto de aspectos de mi vida.


¿Y qué contarte de mi nueva vida?
Pues que en un año ha dado un vuelco tremendo. De ser la estudiante tranquila que deseaba quedarse de vez en cuando remoloneando en casa y saltarse alguna clase, a ser la opositora tranquila que se pasó todos los meses de preparación en casa estudiando-remoloneando, a finalmente convertirse en la MIR de Familia que decidió vivir en Sevilla y aprovechar cuando puede para quedarse en casa si su tutor no aparece.

¿?

Vale, no ha sido tan tremendo. La personalidad no ha cambiado. Eso creo que es bueno, ¿no?
Pero cada etapa que he ido quemando ha hecho una muesca en la hoja del cuchillo.
El MIR lo recuerdo agridulce. La preparación autista en casa, las semanas en pijama, los simulacros, los sábados jodidos en la academia, el resultado, la insufrible espera con las pertinentes cábalas sobre tu puesto, y la noche antes de la elección de plaza.

Alguien debería decir un poco más en serio lo jodida que es esa noche. La previa al MIR es pasable...La de elección de plaza fue una de las peores de mi vida. Y aunque una vez elegido tu ranking sientes una liberación supracósmica, los momentos previos de duda sobre los próximos años de tu vida se hacen realmente insoportables.
Lamentablemente así lo viví yo. Y aunque afortunadamente ahora puedo decir que estoy muy contenta con mi elección (después de horas interminables de pros y contras), me queda la espinita de haber elegido en función de mi puesto. Contradictoriamente, mucas veces deseaba que así fuera, de manera que la difícil elección de especialidad o ciudad se viese por sí sola resuelta (prácitcamente al final no tuve dudas respecto a este tema)...pero ya sabes querido lector, que mi ego está a flor de piel y con nada se siente herido.

Ahora está la etapa de la Medicina de Familia. Sí. Yo.
Charada, pobrecita mía, me dijo que no veía de MF. Almendra, por otro lado, me vendió las mieles de la especialidad. Y yo me leí en 6ºde carrera dos libros sobre médicos de familia convencidos, y creo que terminó calando el mensaje.
El resultado es que 3 de las 4 fundadoras han acabado haciendo la misma residencia. Tulpi, con resultados por encima del bien y del mal optó por otra forma cómoda de ver la vida pero con más prestigio socioeconómico.
Y yo me pregunto...cuando acabe la residencia, ¿seguiré tan convencida con mi elección?, ¿me habré hartado de sentirme menospreciada por la plebe? ¿seré una médico de cabecera querida por su cupo? ¿malviviré a base de guardias penosas?

Esto sólo el tiempo lo dirá, pero hasta que lleguemos a ese momento lo mejor es no preocuparse y poner buena cara a lo que venga.








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