Estoy en fase de autoconocimiento. Sopesando los pros y los contras de una decisión complicada, e irreversible a efecto temporal (si la cago, se enmienda, pero no gratuitamente).
En la misma situación que yo te encuentras tú, querido lector; y es que por una razón u otra, TODOS estamos viviendo una época de cambios y elecciones que sólo el futuro nos dirá si es la acertada.
Mientras tanto, sólo nos queda seguir aprendiendo de esta etapa, como lo hace la protagonista de uno de mis libros favoritos de mi infancia:
-Nos vamos al patio.
En el patio, el perro del rabo muy largo alzaba la pata al lado de un árbol.
-¿Por qué estás con la pata en alto mojando ese árbol? –le dije.
-Es que hago mi pis de cada mañana.
Yo también quería hacer pis de agua y regar un árbol. Levanté la pata y no mojé nada.
El perro del rabo muy largo me dijo:
-Es que eres un pollo. Para mojar árboles hay que ser perro.
-Es que soy un pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor, yo voy a ser perro.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Como sí quería se agachó un poquito debajo del árbol.
-Y ¿qué haces ahora? –le dije.
-Pues hago mi caca de cada mañana.
Me agaché a su lado. También yo podía. Cuando terminamos me sentí orgullosa.
El perro del rabo muy largo sacó polvo de la tierra y tapó su caca.
-Así queda limpio –me dijo.
Yo también saqué polvo de la tierra y tapé la mía.
En ese momento vi una lagartija. Se subía a la valla y corría hacia arriba. Quise hacer lo mismo. Me caí de espaldas y todas las plumas se me despeinaron. Ella me miró y no me hizo burla, solamente dijo:
-Es que tú eres pollo, y yo lagartija. Por eso subo a las paredes.
-Es que yo soy pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor seré lagartija.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Me enseñó a sentarme al sol, y a poner los ojos en forma de raya. Cuando se hace eso, se ven flotar en el aire luces de colores.
Pero entonces vi una mariposa. Se subió a una flor, y se quedó quieta.
Quise hacer lo mismo, y fui de cabeza dentro de un rosal cuajado de espinas. Ella acudió en mi ayuda, y no me hizo burla:
-Es que eres un pollo. Yo soy mariposa. Por eso me subo a las flores.
-Es que soy un pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor, seré mariposa.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Me enseñó a volar: me encaramé a un banco, agité las alas y me lancé al aire. Volé poco tiempo. Pero llegué al suelo sin hacerme daño.
Para celebrarlo, el amigo perro me llevó a caballo.
Entonces vi al pájaro. Volaba muy alto. Yo quería ser pájaro. Pero amigo perro me dijo que cuando creciera, no podía ser pájaro.
-Entonces, ¿qué puedo ser yo cuando llegue a grande?
-Puedes ser gallina –me dijo.
Cuando fuera grande, podía ser gallina. Igual que mi madre.
¡Qué suerte tenía!
(del libro: "Memorias de una Gallina")



