16 mar 2011

Autoconocimiento

Estoy en fase de autoconocimiento. Sopesando los pros y los contras de una decisión complicada, e irreversible a efecto temporal (si la cago, se enmienda, pero no gratuitamente).
En la misma situación que yo te encuentras tú, querido lector; y es que por una razón u otra, TODOS estamos viviendo una época de cambios y elecciones que sólo el futuro nos dirá si es la acertada.
Mientras tanto, sólo nos queda seguir aprendiendo de esta etapa, como lo hace la protagonista de uno de mis libros favoritos de mi infancia:

La noche pasó muy deprisa. Cuando el sol se asomó otra vez al cielo, mi madre nos peinó las plumas, nos limpió los picos y dijo:
-Nos vamos al patio.
En el patio, el perro del rabo muy largo alzaba la pata al lado de un árbol.
-¿Por qué estás con la pata en alto mojando ese árbol? –le dije.
-Es que hago mi pis de cada mañana.
Yo también quería hacer pis de agua y regar un árbol. Levanté la pata y no mojé nada.
El perro del rabo muy largo me dijo:
-Es que eres un pollo. Para mojar árboles hay que ser perro.
-Es que soy un pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor, yo voy a ser perro.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Como sí quería se agachó un poquito debajo del árbol.
-Y ¿qué haces ahora? –le dije.
-Pues hago mi caca de cada mañana.
Me agaché a su lado. También yo podía. Cuando terminamos me sentí orgullosa.
El perro del rabo muy largo sacó polvo de la tierra y tapó su caca.
-Así queda limpio –me dijo.
Yo también saqué polvo de la tierra y tapé la mía.
En ese momento vi una lagartija. Se subía a la valla y corría hacia arriba. Quise hacer lo mismo. Me caí de espaldas y todas las plumas se me despeinaron. Ella me miró y no me hizo burla, solamente dijo:
-Es que tú eres pollo, y yo lagartija. Por eso subo a las paredes.
-Es que yo soy pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor seré lagartija.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Me enseñó a sentarme al sol, y a poner los ojos en forma de raya. Cuando se hace eso, se ven flotar en el aire luces de colores.
Pero entonces vi una mariposa. Se subió a una flor, y se quedó quieta.
Quise hacer lo mismo, y fui de cabeza dentro de un rosal cuajado de espinas. Ella acudió en mi ayuda, y no me hizo burla:
-Es que eres un pollo. Yo soy mariposa. Por eso me subo a las flores.
-Es que soy un pollo porque soy pequeño. Cuando sea mayor, seré mariposa.
-No puedes.
-¿No puedo?
-No puedes. Pero no estés triste. Mira, si tú quieres, te enseño otra cosa.
Me enseñó a volar: me encaramé a un banco, agité las alas y me lancé al aire. Volé poco tiempo. Pero llegué al suelo sin hacerme daño.
Para celebrarlo, el amigo perro me llevó a caballo.
Entonces vi al pájaro. Volaba muy alto. Yo quería ser pájaro. Pero amigo perro me dijo que cuando creciera, no podía ser pájaro.
-Entonces, ¿qué puedo ser yo cuando llegue a grande?
-Puedes ser gallina –me dijo.
Cuando fuera grande, podía ser gallina. Igual que mi madre.

¡Qué suerte tenía!

(del libro: "Memorias de una Gallina")





11 mar 2011

Consolar a Charada

Consolar a Charada fue una tarea dura.
Nada conseguía consolar a la acuática directora, que sumida en la profunda rabia de la pérdida, no hacía mas que llorar y maldecir con infantiles insultos por doquier.
Tardaron en hacerle entrar en razón, alegando en favor de su propia seguridad para que no se sobrepasara llorando, y ahogarlos a todos con sus lágrimas allí mismo.
-Pocas cosas puedo hacer yo sin mi anillo, así que no me deprimáis más, que lo vais a conseguir.
-Pues mira Charada-dijo Almendra- eso ya es motivo suficiente como para levantarse y ponerse manos a la obra.
-Sí, y vengarte de los que te han destrozado la escuela-acuñó la Srta. Tulp.
-¿Y qué le voy a decir a mis niños?
-Desgraciadamente lo que les hemos tenido que decir a todos. Tiempos oscuros se acercan, y nosotras tenemos que luchar por todos ellos.
-Jo, Buda, ¿pero por qué nos tenían que venir a fastidiar?
-Hemos estado demasiado tiempo dejándoles crecer a la sombra, y ellos han aprovechado esa baza. Ahora ha llegado el momento de pararles los pies.

Decidieron esperar a que amaneciera para salir del pez por el sistema de burbujas flotantes hasta la superficie. Tenían todavía unas cuantas horas antes de que saliera el sol que pensaron invertir en trazar el plan del siguiente día.
Lo primero era recuperar el anillo de aguamarina de Charada. Ella había depositado su don en él, y lo había escondido con el fin de desquitarse de todos los problemas y peligros que este acarreaba.
Claro, tenía que explicar exactamente cuál había sido el lugar elegido.

-Veréis chicas, lo dejé escondido en la sala de los espejos.

Mientras Charada daba más detalles sobre el paradero del anillos, Mini no paraba de preguntarse el extraño significado de aquel sueño. Ver a una versión tan joven y oscura de las dos directoras la había dejado muy tocada, y no estaba segura si compartir su extraña visión con sus compañeros. De hecho, podía haber sido un sueño muy vívido, pero al fin y al cabo, un simple sueño sin ningún significado especial.
-¿Qué te ha pasado Mini? ¿por qué gritabas?-preguntó Quique, sacándola de su debate interior.
-Nada Quique, un mal sueño...-dudó si continuar.- El caso es que era muy extraño, me parecía que era real, de hecho...
-¿Qué?-inquirió Naldo.
-Mmmm no sé, me parecía que era una cosa que pasó hace tiempo, y era como si yo estuviera allí viéndolo todo.
-¿Cúanto tiempo? ¿Qué pasó para que te pusieras así?
-La verdad es que no sé cuánto tiempo hace...pero la verdad es que prefiero no pensar más en el tema por ahora. Tengo la cabeza que me va a estallar. Después de un día tan largo, lo único que necesitaba era un sueño reparador y mira por donde, tengo una pesadilla seguida de la destrucción de Agua, vaya plan...



Quique y Naldo siguieron confortando a Mini con amistosas palabras, durante el tiempo que se tardó Charada en explicar a las directoras el paradero del anillo





La primera en caer

-¡El niño! ¡el niño! -gritó Mini

¿Qué niño? ¿qué pasa? Decían todos los que hasta hacía unos instantes dormitaban pacíficamente en el Pez, buscando alguna respuesta en la cara sudorosa de Mini.
Ella respiraba con fuerza, intentando recuperar el aliento tras aquel shock. No entendía nada, ni siquiera recordaba dónde estaba...ni esa era su casa, ni el extraño lugar donde había sido testigo de aquel secreto. Sólo tardó unos segundos en volver a ordenar sus pensamientos, el tiempo de ver las caras de Naldo y Quique, y tras ellas, a las cuatro fundadoras que en silencio esperaban su contestación.
-Eh, nada, ha sido un sueño muy extraño...
Mini no pudo terminar su frase porque un estruendo seguido de una luz invadió la total oscuridad en la que se encontraba el Pez.



Fueron las fugaces llamas que provenían de la explosión de la Escuela de Agua. Alguien la había destruido en mil pedazos.





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