¿¡¿¡¿¡¿¡¿¡¡¿¡¡¡Cómo que ya no tienes tu don?!??!?!?!?!?!?!?!?!Mis amigas me miran como si se acabara de anunciar el Apocalipsis...sólo porque les acabo de decir que ya no tengo mi don, que vamos, no es para tanto digo yo...
-Si no tienes tu don, ¿cómo has logrado hacer lo de la saponificación?
Ayyy, la Señorita Tulp siempre tan atenta a todos los detalles. Le digo que es porque después de perderlo, parece que algo se quedó impregnado en mi cuerpo, y como que me dejaba hacer cosas un poquito fuera de lo normal. Vamos, que podía seguir haciendo algún que otro truquillo como el de saponificarme, y programar que desapareciera el agua del Caldero Rogeliante cuando alguien derramara una lágrima allí. En realidad son pequeñas cosillas que todavía puedo hacer, aunque no sé muy bien por qué.
Parece que no os quedáis demaisado satisfechas con la explicación. Me da penita Almendra, porque la pobre fue a la que se le escapó esa lagrimilla. No habrá sido nada agradable para ella, pero era la mejor manera para mantener a mis niños a salvo frente a los enemigos (¡porque no me imagino a ninguno llorando por mi cadáver!).
-Pero vamos a ver Charada-uy Budita, que te conozco...que miedo me das-¿qué pasó exactamente con tu don para que lo perdieras?
Ahhh!Bueno, técnicamente no lo he perdido. ¿No os lo había explicado?Jejeje, parece que me van a matar cuando digo esto...Bueno, pues lo que pasó exactamente es que con lo que pasó...sí, bueno, ya sabéis...después de que pasara aquello, chicas, pues vi que todo se había ido de las manos, que lo de los dones había sido demasiado. Miro de refilón a Almendra y a Tulpi. Ellas saben perfectamente a lo que me refiero. Saben cómo sufrí con ese problema, y en ese momento fue lo más inteligente que pensé que podía hacer.
¿Que qué hice con el don?Ah, sí, bueno, pues como no quería tenerlo, pero por otro lado no iba a deshacerme de él, pensé en depositarlo en algún lugar seguro.
Bueno, qué pasa, no os extrañéis, eh? Que no es nada nuevo...De hecho lo hizo Voldemort con su alma. Jope, dicho así queda un poco mal, vale. No fue nada maligno, ni tuve que cometer actos de maldad para hacerlo ni mucho menos. En realidad sólo tuve que encerrarme durante un tiempo después de...bueno, ya sabéis, de la última vez que nos vimos, en El Pez y allí logré (tras varios intentos, todo hay que decirlo) guardarlo.
¿Qué dónde lo guardé?Pues mira Almendra, en un lugar que para mí significa mucho. Me pareció tan perfecto para mi don, que hasta llegué a pensar que todo era una broma del destino, y que el verdadero lugar donde tenía que esta era allí...