16 jun 2010

Coral virtual

Me hubiese encantado pertenecer a ella!!


2 jun 2010

El sueño

Todos se fueron a dormir en El Pez.
Por un lado las fundadoras, y por otro los alumnos. Unas mantas y cojines viejos sirvieron de improvisadas camas para todos.
La oscuridad se cernía sobre ellos. El silencio de las profundas aguas era abrumador.

Mini no podía parar de dar vueltas en su cama.
Hacía tan sólo 24 horas ella estaba en su cuarto dándole vueltas a la "proposición indecente" que le hábía preparado a Quique. Y ahora lo tenía allí mismo, a su lado derecho. Haciendo de barrera humana entre ella y Naldo.
Su cabeza seguía y seguía con una actividad frenética, mientras que las respiraciones acompasadas de sus compañeros le hacían saber que era la única que seguía despierta.
Odiaba esas noches. Quería cerrarlos ojos y dormir. Evadirse de aquel lugar, de las preocupaciones, de los temores. Quizás soñar y por un instante vivir una vida de fantasía.
¿Pero qué era más fantástico que ver con sus propios ojos a las 4 fundadoras en acción con sus respectivos dones? Mejor iba a concentrarse en tener un sueño reparador, tan negro y silencioso como El Pez por la noche.

Mientras iba rumiando estos pensamientos, Mini fue entrando en el mundo de los sueños casi sin enterarse.

Estaba en un pasillo, frente a una puerta cerrada. Desde el otro lado, dentro de la habitación podía oir claramente voces.
Eran voces femeninas, aunque no podía decir cuántas.
¿Dos o tres? Cuando le pareció que estaban todas identificadas, un grito traspasó la puerta. Mini casi grita también del susto. No se atrevía a entrar a aquel lugar pero tampoco quería alejarse. Necesitaba enterarse de lo que estaba pasando allí dentro.
Se volvieron a calmar las voces hasta que otro grito, esta vez más largo, las interrumpió. Ahora todas hablaban muy rápido, todo parecían órdenes trae, llévalo alli, pásame hilo.
¿Qué estaba pasando?¿Estaban sanando a alguien?Más bien parecía sonaba a la antigua medicina. Si ella podía ayudarles a no hacer sufrir a quien fuera que gritara, debía intentarlo.
Pero cuando se disponía a entrar, dos mujeres salieron de la habitación, y sin mirarla siguieron por el pasillo andando con un bulto entre sus brazos.
Mini se asomó a la habitación, pero apenas pudo ver nada, porque las ventanas estaban cerradas y sólo había una pequeña lamparita en una mesilla. Otras dos mujeres se encontraban allí, pero parecía que finalmente, la que había gritado ahora estaba en una cama siendo atendida por la otra.
Salió de allí impulsada por una fuerza que apenas pudo describir, y se puso a perseguir alas dos misteriosas mujeres que salieron. ¿Qué tramarían?¿Eran ellas las que le hacían sufrir a la que estaba en la cama?
Corriendo por el largo pasillo, pasando por una hilera interminable de habitaciones, llegó a un patio interior. No conocía ese lugar, pero creía haberlo visto antes, aunque definitivamente no así.
Siguió corriendo hasta dar con una puerta que había quedado entreabierta.
Se acercó a ella, y se puso a escuchar:

-¿Estás segura de lo que vamos a hacer? No sé si podré mirarla otra vez a la cara.
-Sabes que es lo que tenemos que hacer. No hay otra ocpión.
-Sí que la hay, ella podría saberlo
-No. Eso nos pondrá a todos en peligro. Si Él se llegara a enterar...
-Sí, es la manera de mantenerlo a salvo...Pero sabes que no sé guardar un secreto
-Pues vas a tener que aprender a la fuerza
-Esto es muy fuerte, de verdad. Nunca nos perdonará
-Nunca lo va a saber.

Mini no pudo contenerse más, y se asomó por la puerta.
Las dos mujeres que apenas había visto al salir de la habitación estaban allí, sentadas frente a ella, mirando aquel bulto entre sus brazos, sin inmutarse de su presencia.

Sabía quienes eran.
Las había conocido hoy mismo...Pero las mujeres que estaban allí eran mucho más jóvenes que las que dormían esa noche con ella.


Eran Almendra Puck y la Señorita Tulp.

Cuando Mini volvía para esconderse detrás de la puerta, oyó la frase que le despertó de aquel extraño sueño








-Le diremos que el niño nació muerto





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