22 feb 2009

Bandera blanca

Hoy era el día en el que ponían la famosa proyección.


Los alumnos fueron entrando en clase a trompicones, en pequeños grupos y formando el alboroto habitual que se espera a la la 1 de la tarde...aunque hoy un poquito mayor.


Se iban sentando, ocupando los asientos del fondo para poder relajarse y comentar la película, puesto que en pocas ocasiones tenían la oportunidad de estar a oscuras en clase sin tomar apuntes.


La asignatura en cuestión era sexualidad humana. Desde hacía varios años se había impuesto como una de las más duras del curso, porque en su temario abarcaban también lo que antiguamente conocían como ginecología, algo de psiquiatría y antropología. Por esa razón, una proyección de la que no pedirían cuenta los profesores, era la excusa perfecta para relajarse y pasar un rato entretenido...al fin y al cabo, hablarían de sexo.

La profesora entró en el aula, se colocó delante de los alumnos y bajó las luces con un interruptor que tenía bajo la mesa. Pulsó otro, y sin mediar palabra con sus espectadores, dio comienzo a la proyección.



Mini se había esperado hasta que todos sus compañeros entraran en la clase. No quería tener la oportunidad de elegir un asiento que casualmente la condujera a estar cerca de Naldo. No, ella esperaría a que todos estuvieran ocupados y entonces no habría que comerse la cabeza para sentarse cerca o lejos del causante de sus dolores de cabeza. Esperó prudentemente en la puerta de la clase, hasta que vio que las luces se apagaron. Entró escopetada y buscó un sitio libre.

Cerca del pasillo, y casualmente al lado de Quique, había un lugar vacío esperándola. Se abrió paso entre la gente y haciendo el menor ruido posible se sentó, sacó un folio, un lápiz y miró la pantalla.


"Oh Johnny, ¡¿qué tienes en el bolsillo?!"


Tropecientas risitas recorrieron cada esquina de la clase. A Mini esto le parecía de lo más absurdo. Si no fuera porque era una clase de asistencia obligatoria, gustosamente se habría ido a estudiar Homeopatía o cualquier otra tontería, antes que quedarse con esa panda de niños hiperhormonados. Ya lo había hecho otras veces este curso, y es que había una asignatura con profesores un tanto nefastos que habían hecho que por primera vez en su vida pasara de ir a clase. Si ellos fueran capaces de dar una clase magistral de esas en las que sales sabiendo los puntos claves del tema, con una idea más o menos clara, y que sólo con repasártelo esa tarde ya te lo sabías, pues estupendo, pero como no era el caso y sentía el respaldo de sus 2 compañeros, había decidido dejar de ir.


Otra oleada de risitas, ahora un poco más socarronas. Ah, claro, a Jenny se le notaba que "tenía frío". Miró a Quique de reojo. Él no se había reído. Lo habría reconocido al instante, porque él tenía una risa muy particular y contagiosa. Ahora que se fijaba en él, Quique estaba bastante tranquilo mirando la película. No tenía nada que ver con el resto de compañeros que se daban codazos de vez en cuando, y hacían bromitas a sus compañeras. No, Quique estaba simplemente atendiendo.


¿Atendiendo el qué? ¿Acaso no sabía de sobra ya lo que iba a ocurrir? Johnny y Jenny tenían por delante una interesante velada juntos, que posiblemente terminara en embarazo. O quizás Johnny sea un chico listo, y no pase nada. Entonces Jenny conocerá a Jamie, y éste será el que le haga el bombo, con la excusa de "por una vez no pasará nada". Qué tontas podemos llegar a ser a veces las mujeres. Jenny debería ser la que decidiera qué se hace y qué se deja de hacer entre sus piernas, pero como no le pusieron esta proyección en su día, ahí la tienes, con dos ex y un parásito en toda regla creciendo y alimentándose en su útero.

Esa catástrofe anunciada distaba mucho de lo que podría pasarle a Mini, y todo por una simple razón: no había mantenido relaciones "íntimas" en su vida, y no tenía intención de hacerlo en un futuro próximo. Cuando tuvo la oportunidad con un noviete de adolescencia, no le pareció que fuera buena idea porque le horrorizaba la idea de quedarse embarazada a esa edad. Sabía que los métodos de protección que en ese momento estaban a su alcance no le proporcionaban más que un 95% de fiabilidad, y obviamente, se negó en rotundo a hacerlo para después cruzar los dedos y esperar no ser ese temido 5%. Después tuvo la oportunidad de conocer otros chicos, entender mejor el desarrollo de su propio cuerpo y escuchar sus necesidades, acercarse a una madurez intelectual más próxima a lo que ella consideraba responsable para iniciar relaciones...pero todo esto no hizo más que enseñarle lo que ella había estado intentando ignorar años atrás: tenía miedo. Miedo a la respuesta del otro, miedo a la respuesta de su propio cuerpo (¿quién no ha escuchado alguna vez historias terribles de primeras veces?), miedo a las inevitables consecuencias de algo que sería irreversible. Después de algunos años de espera, Mini fue viendo cómo su círculo de amistades iba incluyendo la sexualidad de una forma sana y de lo más natural en sus vidas, y hasta encontró irritantes aquellas encuestas que le recordaban que se encontraba fuera de lo "normal" respecto a edades de inicio. Tuvo su tiempo para darle mil vueltas al tema en su cabeza, reflexionó sobre las posibilidades de cómo sería la mejor manera. Hacía tiempo que había desestimado la idea de un primer encuentro romántico y perfecto, así que lo más sensato por su parte era trazar un plan que le asegurara un resultado, al menos, previsible.

Consistía en tener un amigo de confianza, ya experimentado (no quería más momentos tensos de los estrictamente necesarios) y que estuviera dispuesto a "quitar el precinto" (maldito Tom Wolfe y su Charlotte Simmons), con todo lo que eso incluía: paciencia ante la inexperiencia de Mini, conocimiento de las posibles adversidades de un primer encuentro...Pero lo más importante era que ella no quería sentir nada por él, tan sólo una simple amistad. El hecho de verse a sí misma de un modo torpe ante alguien que realmente le importara le causaba más de un quebradero de cabeza, y el ridículo que asomaba por la esquina acrecentaba cada vez que se imaginaba la bochornosa situación de no saber qué hacer. Ese tipo de cosas no le pasaban, y no dejaría que el sexo fuera una de ellas. No pretendía que el compañero que amablemente le hacía el favor fuera engañado, sino que hablaría antes con él para explicarle su situación, y así evitaría malos entendidos.

Viendo el ambiente general de la clase, finalmente lo tuvo claro. No iba a esperar más. Agitaba por fin la bandera blanca. Se había rendido a las presiones y por fin daría el gran paso.

Ahora que Mini había hecho un repaso mental de cada parte de su plan, se dio cuenta de que sólo le faltaba buscar al amigo que la ayudara a pasar el trance.



6 comentarios:

Manolo Ruiz. dijo...

uYUYUYUYUYUYUY SUBE LA TEMPERATURA DE LA HISTORIA, JEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJEE

quantum leap dijo...

Mini lo quiere tener todo bajo control y eso nunca sale bien.

Charada dijo...

oh!!!!quién será el amigo????lo malo es que esta historia parece no saber nada del amor verdadero!!!!!porque en los grandes amores nunca se plantean eso, simpre se espera que aparezca el amor con letras mayúsculas!!

BudaDorado dijo...

yaaaaaaaaaaaaaa...xo Mini,como he xplicado, ya ha dado x imposible esa opcion!es lo q tiene sacar la bandera blanca y rendirse!
q fuerteq elcostalero comente..yoq pensaba q solo leiamis entradas apunta d pistola en mi casaaa

Almendra Puck dijo...

Diossss, cómo has podido transportarme tanto tiempo atrá??! jajaja, cuán absurdos pueden ser los comederos de cabeza de un adolescente y vaya tela con las tretas que podemos llegar a ingeniar... xDD

Pobre Mini y su pistacho xDD

The B dijo...

TEAM MINI!!!!! Me ha encantado el momento 'Oh Johny, ¿Qué tienes en el bolsillo?' Jajajaja, da mucho juego, porque si el bolsillo de Johny es grande puede contener cualquier 'cosa'. Me parece que el plan de Mini no está tan mal...


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