26 ene 2009

Amaryllis Belladona


Bajó la mirada y ahí estaba ella.
Quieta y serena, con los ojos viajando por cada detalle del edificio 3**.
Hasta ese momento Naldo no se había fijado en lo cautivadora que era su compañera. No era la típica niña mona con la que él estaba más que acostumbrado a relacionarse. Ella era diferente. Tenía una cara ¿interesante? Nunca le había gustado pensar en alguien como interesante, porque le parecía que decir eso era lo mismo que decir "te faltó poco para ser guapo, tienes algo, pero no es suficiente para que gane a tus defectos". No, ese no era el caso de Mini.
Blanca, suave, fresca y dulce como la leche...Se acordó de Galatea, la nereida de la que se enamora el cíclope Polifemo en aquel relato de Ovidio que leyó hae 4 años. ¿Cómo podía de repente apreciar tanto a su compañera si 24 horas antes ni la miraba? En ese momento ella le miró y rápidamente rompió el contacto visual. ¿Se encontraría él también como Polifemo,
deseando algo inaccesible? Mini se había mostrado ruda con él en algunas contestaciones ("más arisca que el fuego", "más rebelde que un novillo salvaje" comenzó a recitar en su mente).
Qué tontería, esa niña no iba a lograr despertar en él en 2 horas algo que nadie había logrado en 20 años. Pero entonces vino a su mente lo que el profesor dijo sobre aquellas grandes parejas de la Historia que habían tenido esencias igualadas... No podía dejar de darle vueltas al asunto...
-¿Nos vamos ya? Parece que ha parado de llover y aquí ya no pintamos nada.-dijo ella, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.
Naldo asintió, mudo todavía por el descubrimiento de su compañera. El terremoto que había derribado todo lo que él era hasta ayer mismo le hacía sentir curiosidad por cada detalle sobre su vida, sus gustos, sus planes, todo. Vió que estaba agarrando una carpeta forrada con flores rosas. Ya tenía con qué empezar.
-¿Qué flores son?
-Azucenas rosas, también conocidas como Amaryllis Belladona. Jajaja, me parezco a las bolsitas de muérdago,¿no?
-Y te las has puesto en la carpeta porque...
- Me gustan, simplemente.
Naldo se quedó cortado. Él, cortado. Esto era de lo último. Qué niña más arrebatadora.
- Bueno, también es que se plantan en mi casa, ¿sabes? Tenemos un jardín precioso y ahora en los mese fríos florecen estas azucenas. Son preciosas.- Mini parecía haber interpretado a tiempo que a su otro nuevo compañero le estaba costando trabajito comunicarse sin problemas con ella.
-Mmm, guay.- Sólo se le ocurrió contestar eso. Su cerebro ahora mismo no daba para más.
-Esto...bueno, ¿nos vamos ya o qué?

19 ene 2009

Günther

Quique se puso su traje verde y sacó el papelito donde tenía apuntado el lugar al que tenía que acudir para sus prácticas. Lo miró rápidamente para memorizar que pasaría las 2 próximas horas con "Sdr Están". Dobló el papelito y lo metió cuidadosamente en su calcetín, para no dejárselo luego olvidado dentro del traje y que fuera rulando por todo el servicio. Salió corriendo de los vestuarios y preguntó por el sanador Están en recepción.

- ¿Jesús Están? - preguntó un chico que tendría aproximadamente la edad de Quique pero que le miraba con un aire de suficiencia abrumador -Está ya en las habitaciones de los pacientes, más vale que te des prisa.

"Será estúpido" se decía para sí mismo mientras hacía el sprint final por el pasillo hasta alcanzar la habitación.

No hizo falta que entrara, porque justo en ese momento estaba saliendo su sanador acompañado de otro compañero de clase. Mierda, se había perdido ya a 1 paciente, ¿quizás 2? esperemos que no.

- Buenos días señor Están, soy alumno de *** y también tengo prácticas con usted, lamento el retraso.

-Buenos días, no se ha perdido nada importante, acabo de dar el alta a este paciente, pura burocracia.

Mientras el sanador le sonreía Quique no pudo evitar bajar la mirada y encontrarse con unas letras elegantes que adornaban el pecho de su ahora profesor, que rezaban: "Sdr. Están Camino".

"¿Están Camino? ¿Jesús Están Camino? Qué era, ¿un villancico?" Decía para sí mismo mientras intentaba contener una risita que le asomaba por la comisura de los labios.

Don Jesús con un gesto amable les indicó que les siguiera hasta la próxima habitación y él y su compañero obedecieron al instante.

-Tío, pensé que ya no venías y que tendría que tragarme esto solo...Avísame si eso, porque yo paso de clases particulares...

-No, que va, es que me quedé hablando con Mini y con...

La conversación paró en el mismo instante en el que Están Camino se dio la vuelta para ponerse cara a cara con sus alumnos. Ahora que se fijaba, era un hombre que tenía buena pinta. No era un comentario con connotaciones sexuales, no por favor. Sólo se le pasó por la cabeza la autoridad que irradiaba por cada poro. Por un momento intentó imaginar a su profe como alumno, avasallado por las burlas diarias de su nombre, merodeando por los pasillos como ahora hacía él...¿Le tocaría alguna vez a él ser el que tenía autoridad?¿Cuánto tendría que estudiar para sentirse seguro de que las decisiones que tome sean las correctas? Había demasiado en juego y siempre dudaba de su capacidad.

-Bueno, antes de entrar os quiero avisar que el paciente que está en esta habitación no es algo que veamos todos los días por aquí. La verdad que es un gran caso para vosotros, chicos, pero prometedme que no pondréis ninguna cara rara.

-¿Qué?- dijeron los dos.

- Simplemente decid que sí, lo entenderéis cuando os lo presente.

-Claro, sí.



Jesús fue el primero en pasar a la habitación,después Quique, y por último su compañero, un poco rezagado.

La habitación estaba a oscuras, sólo una tenue luz se abría paso por las cortinilla de la ventana. Tuvieron que esperar unos segundos a que sus ojos se acostumbraran al clima lumínico, hasta que por fin vieron quién se encontraba en la cama. O sería mejor decir qué...



-Coño!-soltó en voz baja el compañero de Quique, que estaba justo a su espalda y por lo tanto siendo el único que se enteró del comentario.- Un vampiro!



Los ojos de Quique se entrecerraron un poco más para salvar los estragos que hacían la falta de luz y no perder detalle de lo que tenía delante.

Allí mismo, en la cama y con un aspecto deplorable, se encontraba el vampiro más penoso que nadie hubiera podido imaginar. Parecía exhausto, hastiado de su propia existencia y del inútil esfuerzo que era cada bocanada de aire, cubierto de moratones y magulladuras por doquier, además de vendas y puntos que le unían con un fino hilo a la vida.

- Al señor Descalzo le ingresaron anoche porque aparentemente le dieron una paliza -intervino pausadamente el sanador, sin dirigirnos todavía la mirada.

-Aparentemente, guau- volvió a susurrar su compañero al oído de Quique. La verdad que de aparente tenía más bien poco, porque efectivamente al señor Descalzo le habían zurrado pero bien.

- El motivo de la trifulca fue por un malentendido con vecinos de su pueblo, al parecer creyeron que nuestro paciente- se volvió para mirarlos y estudiar sus reacciones- era un vampiro.

Ahora sólo se escuchó cómo tragaban saliva los 2 alumnos.

¿Vampiros? Mira que después de estudiar la psoriasis, el lupus y los licántropos en dermatología ya se había curado de espanto, pero ¿era realmente posible?

Entonces Quique volvió a mirar al paciente para memorizarle. Quería guardar su imagen para siempre, y seguro que lo conseguiría porque era verdaderamente aterradora.

La piel estaba llena de cicatrices antiguas, agrietada, aunque tenía también zonas eritematosas con vesículas por brazos y cara. Su cara...sí que era un cuadro. Los labios parecían destruidos, dejando sus dientes al descubierto en un gesto cuanto menos intimidador. También faltaban parte de sus cartílagos nasales, ofreciendo frontalmente la vista de sus orificios como una serpiente, y los auriculares, con unas clásicas orejas de murciélago, vaya. Lo peor era el color rojo de sus ojos, que junto con el de sus dientes, no te dejaba duda alguna de que deseaba saciar su sed de sangre...era terrorífico, pero aún así, le daba más pena que cualquier otra cosa.

-¿Sabríais decirme qué síndrome tiene? porque evidentemente, aparte de los traumatismos, este señor es bastante especial-preguntó el sanador. Lo chicos seguían mudos y le miraron expectantes.

-Bien, bueno, no todo el mundo tiene por qué saberlo. Tiene porfiria eritropoyética congénita, también llamada enfermedad de Günther- el paciente asintió mientras miraba dolorido a su sanador. Éste se sentó al borde de su cama y prosiguió.- Esta enfermedad no infecciosa, producida por una anomalía genética y hereditaria, clásicamente se ha alzado con el título de "enfermedad de los vampiros", y creo que podréis imaginar por qué. La enfermedad se caracteriza bioquímicamente por la acumulación excesiva en los tejidos de las porfirinas, pigmentos precursores del grupo Hemo. El depósito de porfirinas en la piel sería causa de hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar, lo que desencadena un proceso de producción de peróxidos que, al liberar oxígeno atómico en los tejidos, provoca la destrucción celular.

Quique estaba flipando. Porfiria. Pobre hombre, lo habrán tratado como un monstruo toda su vida, sin poder salir a jugar al sol como todos los niños, recluído en casa hasta el anochecer o te destrozabas la piel. Y encima siendo el villano del pueblo...

-Los defectos en la producción de hemoglobina dan lugar a un cuadro de anemia hemolítica con toda la sintomatología característica de las anemias, siendo llamativa la palidez general tal y como presenta la imagen clásica del vampiro- Hizo una pausa y agarró la mano del señor Descalzo, como dándole ánimos a escuchar su historia otra vez sin hacer que se atormentara por su desgracia- Un tratamiento habitual son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo mejoran la anemia sino que frenan la producción de porfirinas...muchos han alegado que por esa razón los vampiros ansían la sangre, pero aunque antiguamente la terapéutica médica para las anemias incluía beber sangre de otros animales, lo cierto es que los jugos digestivos la destruirían (y mucha sangre tendrían que ingerir para que pudiera absorberse una mínima parte del grupo Hemo)...- sonrió al paciente y se giró de nuevo hacia ellos- Existe un dato muy curioso y que anima mucho a los amantes de las explicaciones vampíricas, y es que algunos extractos del ajo producirían un bloqueo de la coagulación de la sangre al inhibir la agregación plaquetaria; por otra parte, el grupo Hemo que forma parte del citocromo P-450 podría ser destruido por uno de los elementos del ajo, el alquildisulfuro. Quizá por ello, los vampiros porfíricos huirían de él, pues su ingesta u olor podría agravar rápidamente su estado de salud.

El paciente gimió y asintió con la cabeza...Victoria Beckham no era la única a la que la gastronomía española le parecía horrible.

- Los ojos y dientes ensangrentados son por culpa del depósito de porfirina, como habréis podido deducir. Ahora vamos ver con más detenimiento cada hallazgo para que no lo olvidéis en un futuro y encabecéis una caza a un pobre porfírico.



Todos sonrieron en la habitación.

14 ene 2009

quizás

No recuerdo nuestra última conversación.

Quizás me dejaste o yo te perdí,
eso no lo sé.

Me duele encontrar por la calle a alguien que me recuerda a ti,
y recordar la ilusión que me hacía verte sin esperarlo,
sabiendo que ya no va apasar.

No recuerdo tu último abrazo.

Aún no entiendo por qué sueño que vuelves,
hablamos, tú te alegras por mí
y yo me enfado un poquitito por haberte marchado.
Pero siempre se me pasa porque otra vez estás aquí.

Quizás debí haberme despedido como Dios manda,
pero creí que era mejor así.
Quizás por eso creo que puedes volver a venir.

No recuerdo el último beso, ni el último "te quiero".
El tiempo ha puesto un velo sobre los recuerdos
y cada vez caen más y más profundo en mi subconsciente;
porque, están ahí, ¿verdad?
Sí, tienen que estar.
No me pueden abandonar.

De vez en cuando me sumerjo entre todas tus cosas que todavía están conmigo.
Me dejo mecer por la corriente de sentimientos que se agolpan, dejándome a duras penas respirar sin que duela. Es mi pequeña terapia de choque, a ver si te logro despedir.

Quizás no lo logre, quizás simplemente sea así.

1 ene 2009

el traje verde

Quique definitivamente iba a llegar tarde.
Mini y Naldo seguían mirando boquiabiertos el 3**.
Para no interrumpir su estado de trance artístico, con un escueto "adiós" sólo audible en frecuencias para perros salió pitando de su antiguo curso arriesgándose a ponerse hasta arriba de agua.
Se fue corriendo hasta la puerta sudoeste para dirigirse a sus prácticas, que se daban fuera de las escuelas de Sanación. El agua caía sin piedad sobre el abrigo que Quique usaba como protección, pero como además tenía una orientación ladeada, cualquier cosa que utilizara iba a ser inútil, pues se iba acabar mojando. Apretó más el paso cuando recordó una teoría que escuchó por ahí, sobre la relativa efectividad de correr bajo la lluvia para mojarse menos. Se exponía que andando te ibas a mojar igual o incluso menos, porque el impacto de la gota iba a ser mas perpendicular y por lo tanto la superficie de contacto (el recorrido sobre su cuerpo) sería más pequeña que si fuera corriendo. Él no estaba muy convencido, porque cuanto más tiempo estuvieras expuesto al agua, más te ibas a mojar...Qué paja mental. Por fin llegó a la puerta.
La salida/entrada a la escuela Fuego era, por supuesto, una de sus cosas preferidas. Consistía en 3 puertas (norte, sudoeste y sudeste) que eran giratorias. Para salir directamente al exterior (sólo cruzar de un lado a otro) era realmente sencillo:simplemente tenías que pasar por la puerta girtoria al otro lado. La cosa se complicaba (no demasiado, la verdad) cuando tu destino no era precisamente el otro lado de la escuela. Sí, lo has leído bien. Podías ir a otros lugares gracias a las puertas giratorias. Tan sólo tenías que pasar dando una vuelta completa de 360º a la puerta. Cuando estabas dentro, el panel de la puerta que había delante tenía escrito los posibles destinos a elegir, y tú simplemente tenías que pulsar tu elección. Las puertas giratorias eran un elemento poco común, y sólo disponían de ellas determinados edificios. Por ejemplo, todas las escuelas de Sanación tenían al menos una, al igual que los centros hospitalarios donde tenían concertadas las prácticas. Así se ahorraban mucho tiempo, y estaban constantemente comunicadas las 4. También estaban comunicadas con la universidad central de la ciudad, que tenía a su vez varias puertas para llegar a todas las facultades. Esto era una ventaja, porque aquellos alumnos que tuvieran lejos la escuela, sólo tenían que dirigirse a la central, que generalmente tenía muy buenos accesos y se ahorraban los atascos. En el panel también habían otras direcciones, algún que otro lugar oficial de interés, algún centro comercial que se había dejado millones con tal de que lo incluyeran, direcciones que requerían clave e incluso otras con símbolos extraños que nadie se atrevía a pulsar ni por equivocación.
Quique se metió dentro y empezó a dar la vuelta. Justo en frente veía el cartelito del hospital al que quería ir y lo pulsó con avidez, a la vez que se sacudía el pelo mojado e intentaba que sus zapatos dejaran lo menos manchado el suelo.
Salió de la puerta giratoria.
El silencio le abrumaba. Pocas veces la entrada de estudiantes al hospital había estado tan tranquila. Claro, como se había retrasado, la zona estaba despejada y sin compañeros a la vista.
La puerta giratoria del hospital principalmente era frecuentada por los alumnos de las diferentes escuelas, aunque dependiendo del centro, podríamos encontrar a más alumnos de una escuela u otra. Lo cierto es que incluso se daba el caso de hospitales que tenían una preferencia única por una escuela determinada, pero generalmente eso iba por moda más que por tradición. Al lado de su puerta, estaba la interna del hospital: un "ascensor" mucho más rápido que era usado para llevar a los enfermos en urgencias, comunicando plantas y hospitales entre sí. Era de uso exclusivo de Sanadores, y por lo tanto vetado a Quique a menos que fuera invitado por uno.
Tenían bien aprendida la lección de dejar una zona de paso libre alrededor de las puertas (sobretodo la intra/interhospitalaria) desde el día que un compañero de 3** se había quedado contando un chiste (escenificado y todo) justo delante. La tragedia se veía venir en cuanto Quique oyó los paneles de la puerta deslizarse...Un destello precedió la aparición de una cama de quirófano rodeada por 3 sanadores tapados hasta las orejas de ropas verdes que se cernían sobre un paciente que estaba hinchado como un sapo. Cuando su compañero se giró para reaccionar ya era demasiado tarde, porque el primer sanador que iba abriendo paso le pisó, al quitar el pie se tropezó con la rodilla del chico, cayendo por la zancadilla que naturalmente y sin querer le había hecho. Al caer tiró hacia sí mismo la camilla, mientras que el de detrás intentó compensar el desastre tirando hacia el lado contrario. El pobre paciente, que no podía saber lo que pasaba porque los párpados inflamados no le dejaban ver se asustó y agarró del cuello al tercer sanador, que hizo palanca con una de las hojas de la puerta giratoria, dejando al hinchado agresor atrapado en medio mientras las puertas intentaban seguir avanzando. Los alumnos que presenciaban la escena estaban paralizados por el pánico hasta que el paciente hizo un blop! cediendo a la presión y reventando la piel finalmente. Salió disparado como una flecha en sentido contrario (hacia donde estaban los alumnos) mientras el sanador que estaba a la cola, al quedarse atrás, se vio arrastrado hacia el lugar desde donde habían venido. Sus 2 compañeros sanadores, uno en el suelo por el tropezón y el otro ya liberado de la garra del paciente sobre su cuello, miraron cómo este se empezaba a desangrar por el lugar que la piel había estallado. Quique salió de su estado de shock y con un paño que había bajo la camilla presionó fuertemente el lugar por donde brotaba sin cesar la mezcla de sangre y suero que encharcaba ahora la estancia. Los sanadores corrieron hasta él y el del tropezón le dijo:
- Chico, ¿te importa seguir así hasta que lleguemos a quirófano?
- No - respondió sin dudarlo. El corazón parecía que le iba a estallar a él también, pero sus manos agarraban fuertemente la herida y no temblaban lo más mínimo.
- No lo sueltes por nada del mundo, y aprieta fuerte, cuanto más consigamos parar la hemorragia mejor. ¿En qué curo estás? -preguntaba el sanador que ahora llevaba la ropa del cuello arrugadísima.
-En **
-Bien, es un poco fuerte para empezar, chico, pero si eres listo sabrás aprovechar esta catástrofe.-Al terminar esta frase el sandor echó una mirada despectiva al compañero, que todavía estaba con la boca abierta, mirándo cómo se alejaba Quique con ellos.

Fue la primera vez que entró en quirófano. Fue la primera vez que vió a los sanadores en acción desde el punto de vista de un alumno (porque * había sido más que nada un contacto y puesta a punto de conocimientos necesarios básicos antes de entrar en la sanación pura y dura). Fue la primera vez que sintió que a partir de ahora nunca podría dejar esa profesión. Estaba enganchado a ella. Cada cosa que vio la hizo más y más atractiva a sus ojos. Más sangre, más cautivadora. Menos sangre, más perfeccionada. A más orden, veía control y claridad. A más caos, una vorágine de vida. Definitivamente estaba hecho para ella y ella para él.

Recordando ese momento fue hacia el vestuario, donde ahí le esperaba el venerado traje verde.

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