Quique se puso su traje verde y sacó el papelito donde tenía apuntado el lugar al que tenía que acudir para sus prácticas. Lo miró rápidamente para memorizar que pasaría las 2 próximas horas con "Sdr Están". Dobló el papelito y lo metió cuidadosamente en su calcetín, para no dejárselo luego olvidado dentro del traje y que fuera rulando por todo el servicio. Salió corriendo de los vestuarios y preguntó por el sanador Están en recepción.
- ¿Jesús Están? - preguntó un chico que tendría aproximadamente la edad de Quique pero que le miraba con un aire de suficiencia abrumador -Está ya en las habitaciones de los pacientes, más vale que te des prisa.
"Será estúpido" se decía para sí mismo mientras hacía el sprint final por el pasillo hasta alcanzar la habitación.
No hizo falta que entrara, porque justo en ese momento estaba saliendo su sanador acompañado de otro compañero de clase. Mierda, se había perdido ya a 1 paciente, ¿quizás 2? esperemos que no.
- Buenos días señor Están, soy alumno de *** y también tengo prácticas con usted, lamento el retraso.
-Buenos días, no se ha perdido nada importante, acabo de dar el alta a este paciente, pura burocracia.
Mientras el sanador le sonreía Quique no pudo evitar bajar la mirada y encontrarse con unas letras elegantes que adornaban el pecho de su ahora profesor, que rezaban: "
Sdr. Están Camino"."¿Están Camino? ¿Jesús Están Camino? Qué era, ¿un villancico?" Decía para sí mismo mientras intentaba contener una risita que le asomaba por la comisura de los labios.
Don Jesús con un gesto amable les indicó que les siguiera hasta la próxima habitación y él y su compañero obedecieron al instante.
-Tío, pensé que ya no venías y que tendría que tragarme esto solo...Avísame si eso, porque yo paso de clases particulares...
-No, que va, es que me quedé hablando con Mini y con...
La conversación paró en el mismo instante en el que Están Camino se dio la vuelta para ponerse cara a cara con sus alumnos. Ahora que se fijaba, era un hombre que tenía buena pinta. No era un comentario con connotaciones sexuales, no por favor. Sólo se le pasó por la cabeza la autoridad que irradiaba por cada poro. Por un momento intentó imaginar a su profe como alumno, avasallado por las burlas diarias de su nombre, merodeando por los pasillos como ahora hacía él...¿Le tocaría alguna vez a él ser el que tenía autoridad?¿Cuánto tendría que estudiar para sentirse seguro de que las decisiones que tome sean las correctas? Había demasiado en juego y siempre dudaba de su capacidad.
-Bueno, antes de entrar os quiero avisar que el paciente que está en esta habitación no es algo que veamos todos los días por aquí. La verdad que es un gran caso para vosotros, chicos, pero prometedme que no pondréis ninguna cara rara.
-¿Qué?- dijeron los dos.
- Simplemente decid que sí, lo entenderéis cuando os lo presente.
-Claro, sí.
Jesús fue el primero en pasar a la habitación,después Quique, y por último su compañero, un poco rezagado.
La habitación estaba a oscuras, sólo una tenue luz se abría paso por las cortinilla de la ventana. Tuvieron que esperar unos segundos a que sus ojos se acostumbraran al clima lumínico, hasta que por fin vieron quién se encontraba en la cama. O sería mejor decir
qué...
-Coño!-soltó en voz baja el compañero de Quique, que estaba justo a su espalda y por lo tanto siendo el único que se enteró del comentario.- Un vampiro!
Los ojos de Quique se entrecerraron un poco más para salvar los estragos que hacían la falta de luz y no perder detalle de lo que tenía delante.
Allí mismo, en la cama y con un aspecto deplorable, se encontraba el vampiro más penoso que nadie hubiera podido imaginar. Parecía exhausto, hastiado de su propia existencia y del inútil esfuerzo que era cada bocanada de aire, cubierto de moratones y magulladuras por doquier, además de vendas y puntos que le unían con un fino hilo a la vida.
- Al señor Descalzo le ingresaron anoche porque aparentemente le dieron una paliza -intervino pausadamente el sanador, sin dirigirnos todavía la mirada.
-Aparentemente, guau- volvió a susurrar su compañero al oído de Quique. La verdad que de aparente tenía más bien poco, porque efectivamente al señor Descalzo le habían zurrado pero bien.
- El motivo de la trifulca fue por un malentendido con vecinos de su pueblo, al parecer creyeron que nuestro paciente- se volvió para mirarlos y estudiar sus reacciones- era un vampiro.
Ahora sólo se escuchó cómo tragaban saliva los 2 alumnos.
¿Vampiros? Mira que después de estudiar la psoriasis, el lupus y los licántropos en dermatología ya se había curado de espanto, pero ¿era realmente posible?
Entonces Quique volvió a mirar al paciente para memorizarle. Quería guardar su imagen para siempre, y seguro que lo conseguiría porque era verdaderamente aterradora.
La piel estaba llena de cicatrices antiguas, agrietada, aunque tenía también zonas eritematosas con vesículas por brazos y cara. Su cara...sí que era un cuadro. Los labios parecían destruidos, dejando sus dientes al descubierto en un gesto cuanto menos intimidador. También faltaban parte de sus cartílagos nasales, ofreciendo frontalmente la vista de sus orificios como una serpiente, y los auriculares, con unas clásicas orejas de murciélago, vaya. Lo peor era el color rojo de sus ojos, que junto con el de sus dientes, no te dejaba duda alguna de que deseaba saciar su sed de sangre...era terrorífico, pero aún así, le daba más pena que cualquier otra cosa.
-¿Sabríais decirme qué síndrome tiene? porque evidentemente, aparte de los traumatismos, este señor es bastante especial-preguntó el sanador. Lo chicos seguían mudos y le miraron expectantes.
-Bien, bueno, no todo el mundo tiene por qué saberlo. Tiene porfiria eritropoyética congénita, también llamada enfermedad de Günther- el paciente asintió mientras miraba dolorido a su sanador. Éste se sentó al borde de su cama y prosiguió.- Esta enfermedad no infecciosa, producida por una anomalía genética y hereditaria, clásicamente se ha alzado con el título de "enfermedad de los vampiros", y creo que podréis imaginar por qué. La enfermedad se caracteriza bioquímicamente por la acumulación excesiva en los tejidos de las porfirinas, pigmentos precursores del grupo Hemo. El depósito de porfirinas en la piel sería causa de hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar, lo que desencadena un proceso de producción de peróxidos que, al liberar oxígeno atómico en los tejidos, provoca la destrucción celular.
Quique estaba flipando. Porfiria. Pobre hombre, lo habrán tratado como un monstruo toda su vida, sin poder salir a jugar al sol como todos los niños, recluído en casa hasta el anochecer o te destrozabas la piel. Y encima siendo el villano del pueblo...
-Los defectos en la producción de hemoglobina dan lugar a un cuadro de anemia hemolítica con toda la sintomatología característica de las anemias, siendo llamativa la palidez general tal y como presenta la imagen clásica del vampiro- Hizo una pausa y agarró la mano del señor Descalzo, como dándole ánimos a escuchar su historia otra vez sin hacer que se atormentara por su desgracia- Un tratamiento habitual son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo mejoran la anemia sino que frenan la producción de porfirinas...muchos han alegado que por esa razón los vampiros ansían la sangre, pero aunque antiguamente la terapéutica médica para las anemias incluía beber sangre de otros animales, lo cierto es que los jugos digestivos la destruirían (y mucha sangre tendrían que ingerir para que pudiera absorberse una mínima parte del grupo Hemo)...- sonrió al paciente y se giró de nuevo hacia ellos- Existe un dato muy curioso y que anima mucho a los amantes de las explicaciones vampíricas, y es que algunos extractos del ajo producirían un bloqueo de la coagulación de la sangre al inhibir la agregación plaquetaria; por otra parte, el grupo Hemo que forma parte del citocromo P-450 podría ser destruido por uno de los elementos del ajo, el alquildisulfuro. Quizá por ello, los vampiros porfíricos huirían de él, pues su ingesta u olor podría agravar rápidamente su estado de salud.
El paciente gimió y asintió con la cabeza...Victoria Beckham no era la única a la que la gastronomía española le parecía horrible.
- Los ojos y dientes ensangrentados son por culpa del depósito de porfirina, como habréis podido deducir. Ahora vamos ver con más detenimiento cada hallazgo para que no lo olvidéis en un futuro y encabecéis una caza a un pobre porfírico.
Todos sonrieron en la habitación.