¿Me castigará? Quién sabe cómo se tomará el informe de la operación...Si se lo adorno un poco, a lo mejor no se enfurece...
A quién pretendo engañar. Descubrirá la verdad y la pagará conmigo.
Envuelto en estos pensamientos, el Caballero de la Fusta de Cuero caminaba dando grandes zancadas por las estrechas calles. Sin fijarse en el recorrido, casi automáticamente, esquivaba a la gente que se cruzaba en su camino, asombrada por el atuendo y actitud de ese hombre.
Llegó a su destino ."Diez minutos tarde" pensó, y se le erizó la nuca al recordar su última reprimenda. Entró en la casa. Pasó delante de aquel Can que a veces le buscaba mimos y otras le ignoraba. Se estaba volviendo viejo y últimamente hacía más lo segundo...Nunca fue un perro de su agrado.
Subió las escaleras. Al llegar al primer piso, pidió permiso para hablar con Él.
Lo obtuvo. De hecho ya le estaban esperando.
Con un sudor frío subió el último tramo de escaleras. Llamó a la puerta y entró.
Siempre le ponía nervioso aquel lugar. Todas aquellas caras en la pared mirándole le aterrorizaban. El Maestro decía que se sentía acompañado con ellas, pero a él le parecía que estaban juzgándole.
-Llegas tarde
-Sí Maestro. Lo siento. Le traigo la información que me pidió, pero...-el Caballero dudó un instante, paralizado por el miedo-pe-pero...ha-han bloqueado las puertas Maestro.
-¿Qué?-Se incorporó sobre su asiento, dibujándose su silueta a contraluz.
-Sí Maestro. Cuando llegué al PatioPrivado de Fuego alguien acababa de salir y la bloqueó.
-¿Y no hiciste nada por ir a las otras Escuelas?
-Pensé que debía informarle de inmediato
Un silencio eterno, seguido de un gesto de desaprobación por parte del Maestro, dieron pie a la sentencia.
-Estúpido, ya lo saben. Si hubieras investigado en el resto, quizás habrías adelantado algo de la operación...
Creo que estamos de acuerdo en que mereces un castigo.






