Salieron de clase juntos y fueron al Caldero Rogeliante. Habían planeado comer allí y después ir directamente a casa de Mini.
Ella estaba nerviosa. El plan que había trazado durante la proyección de Sexualidad era un simple esbozo, le quedaban muchos detalles por perfeccionar, y cada cabo suelto que iba encontrando la ponía más y más nerviosa. Por ejemplo,¿cuándo sería el mejor momento para comunicárselo a Quique? ¿se daría cuenta él mismo de que no iban a repasar? ¿había dejado recogido su cuarto? ¿se cambiaría de ropa para el "momento"?...Todas esas dudas atacaban sin descanso su cabeza, y terminó sumiéndose en un estado de semiestupor durante toda la comida.
-¿Mini, te pasa algo?
-¿Eh? No
-¿De verdad? Te veo un poco...callada.
-No es nada Quique. Será que le estoy dando vueltas al exámen de mañana.
-Ya verás que nos va a salir bien, no creo que se pasen con las preguntas.
-Eso espero, aun así siempre hay que ser un poco desconfiado con los profesores, que de repente algunos que parecen los más coleguitas son los que nos meten las puñaladas traperas.
-Yaaa.
Con esta conversación de besugos terminaron su menú del día del Caldero. El gas del refresco que había pedido no hacía más que subir por la torturada garganta de Mini que, con los nervios, había disminuido de diámetro considerablemente. Para poder actuar con naturalidad delante de su compañero tenía que esforzarse en acompasar su respiración con aquellos gases que eclosionaban en su boca cada 2 por 3 con regustillo a mortadela y banana (¡qué asco le estaba dando ahora mismo el postre!).
Tras pagar al camarero tiñoso, recogieron sus cosas y se fueron hasta la puerta de salida sudoeste. Una vez frente a la puerta giratoria, Quique dio un empujón y los dos se metieron dentro. Como la casa de Mini estaba relativamente cerca de la escuela, sólo tuvieron que cruzar al otro lado de ella, y seguir calle abajo hasta su barrio.
Delante de la casa de Mini siempre se sentaba un hombre mayor con un pie ortopédico a pedir dinero, incluso llegaba a pernoctar en esa zona cuando era verano, porque se trataba de un vecindario que le trataba muy bien. Ya le tenían cariño al viejo Petronilo, que siempre iba de un lado a otro vendiendo artilugios de dudosa calidad de puerta en puerta. Hace años se dedicó con algo de éxito a las reuniones de
tupper-sex, pero el hecho de que fuera varón le cerraba muchas puertas ya que las principales consumidoras eran mujeres y no se sentían cómodas con su presencia...Esto le daba igual a la madre de Mini, fan de estas reuniones y sus productos(para martirio de su hija) y fue su última cliente hasta que el viejo Petronilo no pudo seguir con su pequeño negocio.
La buena relación con el señor del pie ortopédico tuvo una consecuencia en la casa de Mini: su casa estaba llena de juguetes sexuales camuflados: patitos de goma para el baño vibradores, ceniceros con forma de "algo" con mil nombres, sábanas de twister erótico (con una marca para poner el culo en vezde un pie...), y demás artículos que al encufarlos, descubrías algo nuevo sobre la anatomía humana. El látex no era ningún desconcocido en su hogar.
Esto era algo que Mini ya había superado (o eso quería creer), e invitar amigos a su casa no le parecía tan atroz como cuando tenía algunos años menos, cuando todavía no sabía cómo llevar la situación naturalmente.
-Hola guapísima
-Hola don Petronilo.-contestó ella con una sonrisa sincera en la cara, mientras abría la puerta.
Una vez en casa la anfitriona ofreció 1 refrigerio a su invitado, quien amablemente rechazó su oferta (acababan de comer y el café con leche por la tarde paradójicamente le daba sueño).
-¿Te importa que me ponga un poco más cómoda? Será un segundito.
Mini aprovechó el periodo de reflexión mental de Quique para salir pitando de la salita donde estaban preparados para empezar a estudiar.
"Virgencita, tú que concebiste sin pecar, permíteme pecar sin concebir"...Mini tenía esa frase taladrándole la cabeza. ¿A qué venía tanto agobio? Desde hacía unos años no tenía que preocuparse por quedarse embarazada porque había empezado a controlar su ciclo hormonal (con ayuda de su sanador de cabecera), independientemente de sus deseos de tener relaciones íntimas. Es más, fue su propia madre la que se lo sugirió en cuanto empezó en sus estudios de Sanación para evitar "imprevistos" (el hecho de que su hija fuera la excepción en cuanto a a edad de inicio era un asunto que desconocía absolutamente), y Mini, por no dar más vuetas al asunto, aceptó de buen grado.
El caso es que a pesar de estar a salvo, la duda parecía haberse asentado en su corteza cerebral y ahora descendía..no, mejor dicho, se escurría entre circunvoluciones y cisuras para meterse cada vez más y más hondo, allá donde los impulsos y lo irracional se dan la mano. Iba a sufrir un verdadero ataque de ansiedad de un momento a otro.
Ahora, sólo una frase podría empeorar su estado mental y llevarla de un puntapié a la verdadera crisis emocional:
¿QUÉ ME PONGO?Tras revolver por sus 7 cajones varias veces encontró una camiseta XXL que le regaló una amiga tras un viaje transatlántico que sin saber exactamente por qué, le pareció fantástica. Sí, definitivamente, era algo
casual que le daba un
look descuidado pero sumamente estudiado, porque dejaba a la vista sus maravillosas piernecitas, era fácil de manejar, y era posible que alimentara la imaginación de su compañero. Perfecto.
Al entrar en la salita Quique la recibió con una sonrisa, ya sumergiéndose entre sus apuntes...Había que atacar ya.
-¿Qué te pareció la charla de esta mañana Quique?-Ea, la primera en la frente.
-Ehh...Bien, bueno, tampoco esperaba mucho más, ¿no? La proyección tenía un toque cutre muy gracioso
-Pues no te vi sonreir ni una vez.
-Ya, bueno...Estaba medio dormido y no hice mucho caso.
-Pues yo te vi atento.
-¿Atento?jajaaja. Tú sí que estabas atenta a lo que hacía yo por lo que veo.
Mini obviamente se quedó cortada. Quizás estaba avasallándole un poco, y no sabía cómo encaminar la conversación para que fuera algo natural.
-¿Tú lo has hecho?-No encontró otra manera más delicada
-¿El qué?
-Quique...
-¡Ah!-Los ojos de Quique se quedaron abiertos como platos, nunca habían hablado de su vida íntima.-Ehh, sí, claro,¿por?
Mini cogió aire y no se decidía a soltarlo........
-Yo no.-dijo ella sin apartar la mirada del interesantísimo lápiz rojo que tenía entre las manos
-Bueno no pasa nada.
-Ya sé que no pasa nada, no tienes por qué decirlo.
-¿Entonces qué quieres que diga?
-Nada. Pero sí que pasa.
-¿Qué? Mini lo siento pero creo que me estoy perdiendo
-Que sí que pasa algo por no haberlo hecho, porque creo que ya debería y no ha pasado todavía, y tendría que pasar...
-Mini, un momento, para el carro. No tienes por qué tener prisa. Tus razones tendrás para no haberlo hecho antes.
-Ya...claro.-Mini se quedó pensativa durante unos instantes. Quizás era el momento perfecto para planteárseo.- Mira Quique, yo sé por qué no lo he hecho antes: tenía miedo.
-Es normal Mini, todos pasamos por eso.
-No Quique, déjame terminar. Tenía un miedo exagerado a que saliese mal todo, pero después de darle algunas vueltas, comprendía que si pasaba con una persona que me diera confianza saldría bien, que no tendría por qué preocuparme.
-Claro, es muy importane estar a gusto con la otra persona.
-Ya...pues eso...-ahora era el momento-pues por eso había pensado que surgiera como un favor que me hace un amigo de confianza...
-¿Perdona?
-Sí...pedírselo a alguien para pasar por el trance juntos y ya sentirme liberada.
-¿Cómo has podido llegar a esa conclusión?
-No sé, descarté hace tiempo un encuentro romántico porque además supongo que me sentiría más presionada por no hacerlo mal.
-¿Y has pensado a quién vas a pedírselo?
-Sí...A ti.
Un cubo de agua fría cayó sobre el pobre Quique
-¿¡QUÉ!?
-No pongas esa cara,no es tan malo.
Quique seguía atónito, dándole vueltas a las ilusiones que se había hecho esa mañana cuando ella lo invitó a su casa...pero esto distaba mucho de lo que se habría podido esperar.
-Quique, dime algo.
-Mini...lo siento mucho pero no cuentes conmigo para que te ayude. No sé qué será lo que te habrá movido a tomar esta decisión pero francamente no creo que sea la más adecuada para ninguno de los dos. Tú te mereces tener algo más que un pacto con un amigo, y por otro lado no estoy seguro de que nuestra amistad no sufriera daños colaterales.
Mini apretó los labios los más que pudo, porque le ayudaba a reprimir las lágrimas que ahora parecían iban a inundar la mesa llena de apuntes.
-¿Que pasa?¿es que no te gusto?-dijo con la voz quebrada
-Mini, no tiene nada que ver con que me gustes o no. Simplemente creo que la vida tendrá algo mejor reservado para ti, y no tienes que rendirte conmigo.
-¿Es que te ha ofendido mi propuesta? Pensé que si te lo explicaba lo entenderías, tú eres muy comprensivo Quique...
-No tranquila, yo ya lo he olvidado, y creo que tú deberías hacer lo mismo. No pienso que debas agobiarte con estas cosas, cada uno tiene su momento y no tienes que demostrar nada a nadie.
Mini rompió a llorar sobre el hombro de su amigo, y así se tiró un buen rato hasta que se levantó a por un poco de papel para sonarse. Ya estaba ago más calmada y se sentó frente a sus apuntes, dispuesta a repasar para mañana.
-Anda, vamos a ponernos ya con esto, que después del mal rato con mis tonterías no quiero ni pensar cómo sería suspender por culpa de ellas.
jajajajajajaajajaja. Los dos rieron con ganas, liberándose de aquellos restos de amargura que es quedaban por el cuerpo. Una vez calmados y con los animos a punto, Quique preguntó:
-¿Te encuentras bien?
-Ahora sí Quique, ahora sí.