23 jul 2009

Al otro lado (II)

Un destello de luz y el suelo.
Eso fue lo único que pudo ver Quique al salir de la puerta giratoria.
Cuando pudo despegar su cara del suelo, y tras frotarse el cachete adormecido por el golpe, miró si tenía todos los miembros en su sitio.¿Qué había pasado después de meterse en la puerta con Naldo?¿Y dónde estaba ahora su amigo?
Mientras seguía frotándose el cachete y haciéndose esas preguntas vió que delante suya no se levantaba el esperado edificio móvil de Aire, sino que se extendía una frondosa huerta, con vacas saludándole con un sonoro muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.
Se levantó, se limpió la tierra de los pantalones y siguió un caminito empedrado que se perdía entre las parcelas de berenjenas, calabazas, fresas y alguna que otra planta que no había tenido el gusto de conocer.
Ya se estaba empezando a imaginar qué había podido pasar, pero temía que algo malo le hubiese pasado a Naldo. Esperaba con todas sus fuerzas que aquel Caballero no les hubiese visto, y mucho más deseaba que su amigo no hubiese sido escupido por la puerta a las manos de su enemigo. Cada vez que se planteaba esa sombría posibilidad se le ponía la carne de gallina, porque esos tipos tenían la suficiente sangre fría como paras deshacerse de cualquier niñato que se les cruzase en su camino.
Seguía divagando hasta que divisó a lo lejos una casa enorme de piedra, aunque eso lo descubriría más tarde porque desde lejos las plantas trepadoras ocultaban prácticamente toda la casa. Supo dónde se encontraba sin lugar a dudas y aceleró el paso.

Tierra.

La escuela de Tierra fue la primera en fundarse como una de las 4 escuelas de Sanación. Era muy famosa en todo el país y tenía mucho nombre. Era lógico reconocerla al instante porque no había alumno interesado en la Sanación que no conociera esa casa típica de postal. Todo un símbolo de tradición.
¿Estaría la directora allí?¿Habrán llegado también los Caballeros de la Fusta de Cuero?Quique sólo podía correr para asegurarse que su misión no corría peligro, a pesar de no saber exactamente su cometido...Lo necesitaban...Los necesitaban, ¡a los 3!..sí, tenía que hacerlo por ellos porque ahora mismo también estaban en peligro.

Llegó jadeando al portón de la casa. Vista de cerca no era una simple casa, era una señora casa que tenía que albergar a 3 cursos de sanadores, así que por dentro tenía que ser enorme. Llamó golpeando con la pesada aldaba y esperando a que le abrieran, aspiró el intenso aroma de la escuela...Era algo maravilloso, cientos de fragancias distintas le envolvieron, pareciéndole que la primavera había estallado en esa casa y celebraba un carnaval.



Entonces desde el otro lado de la puerta, una voz femenina le dijo:

-¿Quién eres y qué haces en mi Escuela?¡HABLA!

Al otro lado (I)

Buda y Mini se asomaron a la puerta giratoria en cuanto esta emitió el destello de luz característico que anunciaba la llegada de un pasajero. Sus semblantes expectantes cambiaron a inquietos en cuanto vislumbraron lo que estaba ocurriendo.
Naldo apareció delante de ellas, y con voz alarmada dijo a su Directora:
-¡Tiene que cerrar esta puerta!¡Va a venir!
-¿Quique?-preguntó Mini
-¿Cómo que Quique?¡El Caballero de la fusta de cuero!¡Lo he visto llegar al jardín privado!
-¿Y has dejado a Quique detrás tuya?
Entonces Naldo miró a su alrededor y comprobó que estaba solo. Detrás suya no había rastro de su compañero y ante las inquisidoras miradas de Mini y el Buda no pudo más que encogerse de hombros, y añadir:
-Entramos a la vez...
Mini se tapó la boca con las manos horrorizada ante el destino de su amigo. Quién sabe si estaba gravemente herido o en manos del Caballero de la fusta...El Buda reaccionó con rapidez y antes de que cundiera el pánico bloqueó la puerta giratoria, impidiendo la entrada desde otras escuelas.
-¿Pero y Quique?¿Y si se ha quedado atrás y quiere volver a utilizarla?-preguntó Mini angustiada
-Mini, estoy seguro de que entramos juntos, eso no es posible-comentó Naldo apesadumbrado
-Pero...-seguía insistiendo ella
-Escucha, no sabemos qué le ha pasado a Quique, pero lo que sí sabemos es que ellos ya están aquí, y lo mínimo que podemos hacer es bloquearles el camino para que no tomen todas las escuelas-intervino el Buda-Sólo podemos esperar a que tu amigo sepa cómo mantenerse a salvo, mientras nosotros vamos en busca de la Srta. Tulp para hacer frente a los Caballeros de la Fusta de Cuero.




15 jul 2009

Puertas

El BudaDorado se dirigió hacia la puerta de su despacho y salió escaleras abajo seguida de sus 3 alumnos de Fuego. Quique, Mini y Naldo eran incapaces de articular palabra. Se disponían a seguir a su directora a la escuela de Aire, nada más y nada menos que para reunirse con la directora de aquel centro con la intención de reunificar a las 4 fundadoras. No se dieron cuenta del camino que hacía el Buda, y en un momento perideron el rumbo que usaron hace poco más de una hora para subir al despacho por la torre central...Acababan de cruzar el umbral de una puerta en la que nunca habían reparado en todos sus años de estancia en Fuego, una puerta que estaba escondida tras una de las múltiples ventanas que llenaban dicha torre.
En ese instante se dieron cuenta de que ahora caminaban por encima de las clases del último curso de Sanación (las cuales eran el círculo más cercano al núcleo donde se hallaba el despacho), y trotando sobre el techo de sus compañeros descubrieron ante sus ojos un jardín privado donde sus profesores descansaban, tal y como les explicó su directora:
-Obviamente no todos los profesores disfrutan de vuestra compañía, ni les gusta oír sus motes mientras intentan relajarse, así que mi obligación era proporcionarles un lugar donde pudiesen olvidarse del estrés que supone formaros como los mejores sanadores del mundo.
Tras un guiño cómplice hacia sus jóvenes pupilos siguieron andando rápidamente hasta una puerta giratoria en el final del jardín.
-Este es un acceso un poco más directo a la escuela, pero lamento deciros que sólo está comunicada con las otras escuelas, y es de tránsito privado.
Antes de entrar su directora se dirigió hacia ellos para explicarle el procedimiento.
-¿Es la primera vez que usáis una puerta giratoria?
-No-respondieron los 3 al unísono.
-Estupendo, entonces sólo tengo que comentaros que encontraréis en el panel los símbolos de las 4 escuelas, sólo os pido que pulséis el de Aire >> y que déis 2 vueltas. Yo iré primero para asegurarme de que al otro lado la situación está bajo control. Ya nada es seguro, y no pienso poneros en peligro más de lo estrictamente necesario. Recordad apartaros un poco en cuanto salgáis para que no haya ningún tropiezo desafortunado-comentó echando un leve vistazo a Quique-y por último, no os rezaguéis a la hora de cruzar la puerta. Tenemos que ser rápidos.
Asintieron, asimilando toda la información. Era sencillo. Entrar, pulsar >>, 2 vueltas y apartarse al salir. Sin demora.
El Buda inspiró y con aire solemne dio un paso hacia la puerta giratoria. Su figura se perdió tras las hojas móviles y entonces volvieron a encontrarse solos.
Los 3 amigos parecían haber perdido parte de su individualidad desde que habían encontrado al Buda, y ahora volvían a ser ellos mismos. ¿Estaban seguros de lo que iban a hacer? El Buda les había dejado claro que era algo potencialmente peligroso y que debían saber bien si querían acompañarla a esta misión, pero la verdad es que frente a ella, se habían sentido exclusivamente como un ente formado por 3 cabezas prácticamente inseparable, una extraña trinidad. Ahora, fuera del lazo que los unía cuando estaban frente al Buda, los miedos y las dudas asediaban sus cabezas y corazones, disparando sus ideas en infinitas direcciones. Se miraron extrañados. Hacía tiempo que no se miraban entre ellos, porque la conciencia de grupo había guiado sus voluntades con mucha más fuerza y determinación de lo que podrían haber conseguido por ellos mismos. En ese momento, alguien que homenajeaba con sus palabras al profesor Toscani recordó la magia de las esencias igualadas. Fue entonces, justo en ese instante cuando una determinada Mini apremió:
-Las señoritas primero, ¿no? Nuestra directora nos está esperando.-y sin más miramientos cruzó la puerta giratoria.
Quique y Naldo se asombraron por la decisión de su compañera a la hora de emprender esta aventura, y en el momento en el que iban a decidir quién sería el siguiente, un fuerte ruido, casi como una pequeña explosión, cortó aquel diálogo silencioso. A varios metros tras ellos, la figura de un hombre alto y delgado, con un ligero aire marfanoide, atravesaba el hueco que había dejado la puerta del jardín que acababa de hacer desaparecer. Mientras comenzaba a barrer con la mirada el jardín de los profesores, Quique y Naldo vieron cómo blandía una fusta de cuero en su mano derecha.
Sólo les hizo falta una cómplice mirada de imperiosa urgencia para que los 2 entraran juntos por la puerta y pulsaran el botón, antes de que su enemigo alcanzara a verlos.
Sabían que 2 personas de su tamaño era algo que los técnicos en puertas desaconsejaban, puesto que correrían graves riesgos de quedarse atrapados, perder algún miembro o acabar en diferentes direcciones...pero ahora lo único que pensaban era en eludir al Caballero de la Fusta de Cuero.

Mientras, al otro lado, Mini y el Buda les esperaban



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