Eso fue lo único que pudo ver Quique al salir de la puerta giratoria.
Cuando pudo despegar su cara del suelo, y tras frotarse el cachete adormecido por el golpe, miró si tenía todos los miembros en su sitio.¿Qué había pasado después de meterse en la puerta con Naldo?¿Y dónde estaba ahora su amigo?
Mientras seguía frotándose el cachete y haciéndose esas preguntas vió que delante suya no se levantaba el esperado edificio móvil de Aire, sino que se extendía una frondosa huerta, con vacas saludándole con un sonoro muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.
Se levantó, se limpió la tierra de los pantalones y siguió un caminito empedrado que se perdía entre las parcelas de berenjenas, calabazas, fresas y alguna que otra planta que no había tenido el gusto de conocer.
Ya se estaba empezando a imaginar qué había podido pasar, pero temía que algo malo le hubiese pasado a Naldo. Esperaba con todas sus fuerzas que aquel Caballero no les hubiese visto, y mucho más deseaba que su amigo no hubiese sido escupido por la puerta a las manos de su enemigo. Cada vez que se planteaba esa sombría posibilidad se le ponía la carne de gallina, porque esos tipos tenían la suficiente sangre fría como paras deshacerse de cualquier niñato que se les cruzase en su camino.
Seguía divagando hasta que divisó a lo lejos una casa enorme de piedra, aunque eso lo descubriría más tarde porque desde lejos las plantas trepadoras ocultaban prácticamente toda la casa. Supo dónde se encontraba sin lugar a dudas y aceleró el paso.
Tierra.
La escuela de Tierra fue la primera en fundarse como una de las 4 escuelas de Sanación. Era muy famosa en todo el país y tenía mucho nombre. Era lógico reconocerla al instante porque no había alumno interesado en la Sanación que no conociera esa casa típica de postal. Todo un símbolo de tradición.
¿Estaría la directora allí?¿Habrán llegado también los Caballeros de la Fusta de Cuero?Quique sólo podía correr para asegurarse que su misión no corría peligro, a pesar de no saber exactamente su cometido...Lo necesitaban...Los necesitaban, ¡a los 3!..sí, tenía que hacerlo por ellos porque ahora mismo también estaban en peligro.
Llegó jadeando al portón de la casa. Vista de cerca no era una simple casa, era una señora casa que tenía que albergar a 3 cursos de sanadores, así que por dentro tenía que ser enorme. Llamó golpeando con la pesada aldaba y esperando a que le abrieran, aspiró el intenso aroma de la escuela...Era algo maravilloso, cientos de fragancias distintas le envolvieron, pareciéndole que la primavera había estallado en esa casa y celebraba un carnaval.
Entonces desde el otro lado de la puerta, una voz femenina le dijo:
-¿Quién eres y qué haces en mi Escuela?¡HABLA!


