8 mar 2009

¿Te encuentras bien?

Salieron de clase juntos y fueron al Caldero Rogeliante. Habían planeado comer allí y después ir directamente a casa de Mini.
Ella estaba nerviosa. El plan que había trazado durante la proyección de Sexualidad era un simple esbozo, le quedaban muchos detalles por perfeccionar, y cada cabo suelto que iba encontrando la ponía más y más nerviosa. Por ejemplo,¿cuándo sería el mejor momento para comunicárselo a Quique? ¿se daría cuenta él mismo de que no iban a repasar? ¿había dejado recogido su cuarto? ¿se cambiaría de ropa para el "momento"?...Todas esas dudas atacaban sin descanso su cabeza, y terminó sumiéndose en un estado de semiestupor durante toda la comida.
-¿Mini, te pasa algo?
-¿Eh? No
-¿De verdad? Te veo un poco...callada.
-No es nada Quique. Será que le estoy dando vueltas al exámen de mañana.
-Ya verás que nos va a salir bien, no creo que se pasen con las preguntas.
-Eso espero, aun así siempre hay que ser un poco desconfiado con los profesores, que de repente algunos que parecen los más coleguitas son los que nos meten las puñaladas traperas.
-Yaaa.

Con esta conversación de besugos terminaron su menú del día del Caldero. El gas del refresco que había pedido no hacía más que subir por la torturada garganta de Mini que, con los nervios, había disminuido de diámetro considerablemente. Para poder actuar con naturalidad delante de su compañero tenía que esforzarse en acompasar su respiración con aquellos gases que eclosionaban en su boca cada 2 por 3 con regustillo a mortadela y banana (¡qué asco le estaba dando ahora mismo el postre!).
Tras pagar al camarero tiñoso, recogieron sus cosas y se fueron hasta la puerta de salida sudoeste. Una vez frente a la puerta giratoria, Quique dio un empujón y los dos se metieron dentro. Como la casa de Mini estaba relativamente cerca de la escuela, sólo tuvieron que cruzar al otro lado de ella, y seguir calle abajo hasta su barrio.

Delante de la casa de Mini siempre se sentaba un hombre mayor con un pie ortopédico a pedir dinero, incluso llegaba a pernoctar en esa zona cuando era verano, porque se trataba de un vecindario que le trataba muy bien. Ya le tenían cariño al viejo Petronilo, que siempre iba de un lado a otro vendiendo artilugios de dudosa calidad de puerta en puerta. Hace años se dedicó con algo de éxito a las reuniones de tupper-sex, pero el hecho de que fuera varón le cerraba muchas puertas ya que las principales consumidoras eran mujeres y no se sentían cómodas con su presencia...Esto le daba igual a la madre de Mini, fan de estas reuniones y sus productos(para martirio de su hija) y fue su última cliente hasta que el viejo Petronilo no pudo seguir con su pequeño negocio.

La buena relación con el señor del pie ortopédico tuvo una consecuencia en la casa de Mini: su casa estaba llena de juguetes sexuales camuflados: patitos de goma para el baño vibradores, ceniceros con forma de "algo" con mil nombres, sábanas de twister erótico (con una marca para poner el culo en vezde un pie...), y demás artículos que al encufarlos, descubrías algo nuevo sobre la anatomía humana. El látex no era ningún desconcocido en su hogar.
Esto era algo que Mini ya había superado (o eso quería creer), e invitar amigos a su casa no le parecía tan atroz como cuando tenía algunos años menos, cuando todavía no sabía cómo llevar la situación naturalmente.
-Hola guapísima
-Hola don Petronilo.-contestó ella con una sonrisa sincera en la cara, mientras abría la puerta.


Una vez en casa la anfitriona ofreció 1 refrigerio a su invitado, quien amablemente rechazó su oferta (acababan de comer y el café con leche por la tarde paradójicamente le daba sueño).
-¿Te importa que me ponga un poco más cómoda? Será un segundito.
Mini aprovechó el periodo de reflexión mental de Quique para salir pitando de la salita donde estaban preparados para empezar a estudiar.
"Virgencita, tú que concebiste sin pecar, permíteme pecar sin concebir"...Mini tenía esa frase taladrándole la cabeza. ¿A qué venía tanto agobio? Desde hacía unos años no tenía que preocuparse por quedarse embarazada porque había empezado a controlar su ciclo hormonal (con ayuda de su sanador de cabecera), independientemente de sus deseos de tener relaciones íntimas. Es más, fue su propia madre la que se lo sugirió en cuanto empezó en sus estudios de Sanación para evitar "imprevistos" (el hecho de que su hija fuera la excepción en cuanto a a edad de inicio era un asunto que desconocía absolutamente), y Mini, por no dar más vuetas al asunto, aceptó de buen grado.
El caso es que a pesar de estar a salvo, la duda parecía haberse asentado en su corteza cerebral y ahora descendía..no, mejor dicho, se escurría entre circunvoluciones y cisuras para meterse cada vez más y más hondo, allá donde los impulsos y lo irracional se dan la mano. Iba a sufrir un verdadero ataque de ansiedad de un momento a otro.
Ahora, sólo una frase podría empeorar su estado mental y llevarla de un puntapié a la verdadera crisis emocional:
¿QUÉ ME PONGO?
Tras revolver por sus 7 cajones varias veces encontró una camiseta XXL que le regaló una amiga tras un viaje transatlántico que sin saber exactamente por qué, le pareció fantástica. Sí, definitivamente, era algo casual que le daba un look descuidado pero sumamente estudiado, porque dejaba a la vista sus maravillosas piernecitas, era fácil de manejar, y era posible que alimentara la imaginación de su compañero. Perfecto.

Al entrar en la salita Quique la recibió con una sonrisa, ya sumergiéndose entre sus apuntes...Había que atacar ya.
-¿Qué te pareció la charla de esta mañana Quique?-Ea, la primera en la frente.
-Ehh...Bien, bueno, tampoco esperaba mucho más, ¿no? La proyección tenía un toque cutre muy gracioso
-Pues no te vi sonreir ni una vez.
-Ya, bueno...Estaba medio dormido y no hice mucho caso.
-Pues yo te vi atento.
-¿Atento?jajaaja. Tú sí que estabas atenta a lo que hacía yo por lo que veo.
Mini obviamente se quedó cortada. Quizás estaba avasallándole un poco, y no sabía cómo encaminar la conversación para que fuera algo natural.
-¿Tú lo has hecho?-No encontró otra manera más delicada
-¿El qué?
-Quique...
-¡Ah!-Los ojos de Quique se quedaron abiertos como platos, nunca habían hablado de su vida íntima.-Ehh, sí, claro,¿por?
Mini cogió aire y no se decidía a soltarlo........
-Yo no.-dijo ella sin apartar la mirada del interesantísimo lápiz rojo que tenía entre las manos
-Bueno no pasa nada.
-Ya sé que no pasa nada, no tienes por qué decirlo.
-¿Entonces qué quieres que diga?
-Nada. Pero sí que pasa.
-¿Qué? Mini lo siento pero creo que me estoy perdiendo
-Que sí que pasa algo por no haberlo hecho, porque creo que ya debería y no ha pasado todavía, y tendría que pasar...
-Mini, un momento, para el carro. No tienes por qué tener prisa. Tus razones tendrás para no haberlo hecho antes.
-Ya...claro.-Mini se quedó pensativa durante unos instantes. Quizás era el momento perfecto para planteárseo.- Mira Quique, yo sé por qué no lo he hecho antes: tenía miedo.
-Es normal Mini, todos pasamos por eso.
-No Quique, déjame terminar. Tenía un miedo exagerado a que saliese mal todo, pero después de darle algunas vueltas, comprendía que si pasaba con una persona que me diera confianza saldría bien, que no tendría por qué preocuparme.
-Claro, es muy importane estar a gusto con la otra persona.
-Ya...pues eso...-ahora era el momento-pues por eso había pensado que surgiera como un favor que me hace un amigo de confianza...
-¿Perdona?
-Sí...pedírselo a alguien para pasar por el trance juntos y ya sentirme liberada.
-¿Cómo has podido llegar a esa conclusión?
-No sé, descarté hace tiempo un encuentro romántico porque además supongo que me sentiría más presionada por no hacerlo mal.
-¿Y has pensado a quién vas a pedírselo?
-Sí...A ti.

Un cubo de agua fría cayó sobre el pobre Quique
-¿¡QUÉ!?
-No pongas esa cara,no es tan malo.
Quique seguía atónito, dándole vueltas a las ilusiones que se había hecho esa mañana cuando ella lo invitó a su casa...pero esto distaba mucho de lo que se habría podido esperar.
-Quique, dime algo.
-Mini...lo siento mucho pero no cuentes conmigo para que te ayude. No sé qué será lo que te habrá movido a tomar esta decisión pero francamente no creo que sea la más adecuada para ninguno de los dos. Tú te mereces tener algo más que un pacto con un amigo, y por otro lado no estoy seguro de que nuestra amistad no sufriera daños colaterales.
Mini apretó los labios los más que pudo, porque le ayudaba a reprimir las lágrimas que ahora parecían iban a inundar la mesa llena de apuntes.
-¿Que pasa?¿es que no te gusto?-dijo con la voz quebrada
-Mini, no tiene nada que ver con que me gustes o no. Simplemente creo que la vida tendrá algo mejor reservado para ti, y no tienes que rendirte conmigo.
-¿Es que te ha ofendido mi propuesta? Pensé que si te lo explicaba lo entenderías, tú eres muy comprensivo Quique...
-No tranquila, yo ya lo he olvidado, y creo que tú deberías hacer lo mismo. No pienso que debas agobiarte con estas cosas, cada uno tiene su momento y no tienes que demostrar nada a nadie.
Mini rompió a llorar sobre el hombro de su amigo, y así se tiró un buen rato hasta que se levantó a por un poco de papel para sonarse. Ya estaba ago más calmada y se sentó frente a sus apuntes, dispuesta a repasar para mañana.
-Anda, vamos a ponernos ya con esto, que después del mal rato con mis tonterías no quiero ni pensar cómo sería suspender por culpa de ellas.
jajajajajajaajajaja. Los dos rieron con ganas, liberándose de aquellos restos de amargura que es quedaban por el cuerpo. Una vez calmados y con los animos a punto, Quique preguntó:
-¿Te encuentras bien?

-Ahora sí Quique, ahora sí.








1 mar 2009

¿Te quedas en casa?

Volvieron a encenderse las luces de la clase y se encontró con unos ojos curiosos que lo escudriñaban desde su izquierda.
-Hola Mini.-Saludó por fin Quique. La hora que habían pasado juntos transcurrió sin ningún comentario entre ellos, posiblemente por lo delicado del tema.
-Hola.
Mini seguía mirándolo, pasando de los ojos a las manos, callada y expectante ante cualquier movimiento. Quique realmente no entendía ese comportamiento porque normalmente el que se permitía la licencia de estar callado observando era él mismo, y sentirse el motor de la conversación era algo que le resultaba cuanto menos extraño.
-¿Cómo llevas el examen de mañana?-decidió empezar preguntando algo típico, aunque odiaba las disputas banales sobre quién había estudiado menos un exámen.
-Bien, la verdad que sólo me quedan por repasar los temas 4, 8, 15, 16...eh, espera que no me acuerdo.
-¿23 y 42? jajajajaja, claro, esos temas yo también me los he dejado un poco atrás, porque la verdad es que dudo mucho que los pregunten.
-Bueno, yo no estaría tan segura de que no los vayan a preguntar,¿eh? ¿Has visto el examen que pusieron hace 3 años? Fue muy complicado, no estoy segura si ahora mismo yo hubiera podido contestar bien todas las preguntas.
-Bueno Mini, pero se podía aprobar.
El gesto de ella se torció ligeramente.Volvía a adoptar esa postura callada y sus ojos seguían analizándole de nuevo. Tras un espacio de tiempo que a él le pareció infinito volvió a la conversación:
-Entonces,¿tú crees que lo llevas más o menos bien?-En la jerga estudiantil, preguntar directamente si uno llevaba bien un exámen era una tontería porque eran pocos los que, como Mini, no tenían reparos en decir la verdad.
-Sí, eso creo.
-¿Qué te parece si hoy también hacemos tarde de estudio? Podríamos repasar juntos y resolver dudas de última hora.
-Pero Mini, hoy la biblioteca y la sala de estudio va a estar llenísima de gente, y sabes que antes de un exámen no es lo que más me gusta.-Quique ya había tenido tiempo de hablar con sus compañeros sobre sus pequeñas fobias sociales, que aunque tenían poco de limitantes, alteraban un poco sus nervios.
-Claro que lo sé, por eso había pensado que fuéramos a mi casa. Mis padres están fuera hasta el lunes, así que estudiaríamos de maravilla.
El corazón de Quique de repente empezó a bombear tan fuerte que por un momento sus latidos fueron el único sonido que registraba su cerebro.



Pasar la tarde a solas con Mini en un ambiente que no fuera el de la biblioteca era algo absolutamente inusual. Su mente fue invadida por cientos de imágenes, desde las más castas a las más subidas de tono. Con sólo decírselo ya estaba experimentando escalofríos por todo el cuerpo, pero su cabeza le recordaba que la invitación era para estudiar...¿Quién iba a poder estudiar¿ Tampoco quería perder la ocasión de estar con ella esa tarde...

-Bueno Quique, entonces...¿te quedas en casa?

25 feb 2009

Me quedo en casa


Hoy no era un buen día para Naldo. Se había visto con el agua al cuello...otra vez.
Ahora mismo se encontraba en casa, todavía en pijama y perdido entre pilas de apuntes que se alzaban sobre su cabeza repartidos por su mesa de estudio. Exámenes de otros años, listas de posibles preguntas, apuntes propios, del profesor y ajenos (algunos prestados, otros prestados "a escondidas")...ese gran montón de papeles le miraba amenazante, manteniendo un equilibrio imposible a pesar del caos del que eran resultado. Y en medio de todo eso, una cabecita atrapada entre dos manos que la obligaban a mantenerse erguida.
Naldo lo había vuelto a hacer. El periodo de tiempo libre que disfrutaban entre exámenes era un bien que la mayoría de alumnos de sanación, a estas alturas de su formación, sabían aprovechar. Casi todos se daban unos días de descanso, pero pronto corrían a incorporarse a su rutina de estudio. Esto les ayudaba a no perder el ritmo, porque si sucedía así, el choque del relax absoluto contra el estrés pre-exámen podría ser brutal. Precisamente eso le había pasado a él, porque nunca aprendía la lección. Siempre dejándolo todo para el último momento. Su buena memoria e inventiva le habían ayudado a seguir con este método durante toda su etapa escolar, y ya en Sanación, a pesar de encontrarse con un volumen mayor de contenidos, todavía le seguía funcionando para casi todo. Pero esta vez se reprochaba a sí mismo no haber estudiado antes. Quizás si hubiera compartido con Mini y Quique alguna tarde de estudio...pero eso habría sido peor, porque pasar una tarde entera delante de Mini lo dejaría absolutamente desconcentrado (¡con lo fácil que era desconcentrarlo!), y pasar 3 horas observando a alguien desconcertante como era ella habría consumido sus nervios. Por esa razón prefería irse solo a estudiar.
Hoy estaba muy agobiado porque era el día antes del exámen. Estos días él prefería dejarlos para repasar, pero si no había más remedio, pues tenía que ponerse a todo trapo a mirarse los últimos temas que le faltaran. Para este exámen se le había ido un poco la mano y tenía que mirarse por primera vez gran parte del temario, y no sabía exactamente cómo lo iba a hacer. Tenía la sensación de que aquello que había estudiado los días anteriores estaba en alguna parte de su cerebro oscura y mal ventilada, y que difícilmente saldría el día del exámen. La inseguridad se apoderaba de su mente a cada minuto que pasaba. No sabía ni por dónde empezar.
Menos mal que decidió quedarse en casa para aprovechar el máximo tiempo posible. La verdad que no le resultaría difícil inventarse cualquier excusa para su ausencia en la proyección de sexualidad...Además,¿qué iba a perderse ese día?


22 feb 2009

Bandera blanca

Hoy era el día en el que ponían la famosa proyección.


Los alumnos fueron entrando en clase a trompicones, en pequeños grupos y formando el alboroto habitual que se espera a la la 1 de la tarde...aunque hoy un poquito mayor.


Se iban sentando, ocupando los asientos del fondo para poder relajarse y comentar la película, puesto que en pocas ocasiones tenían la oportunidad de estar a oscuras en clase sin tomar apuntes.


La asignatura en cuestión era sexualidad humana. Desde hacía varios años se había impuesto como una de las más duras del curso, porque en su temario abarcaban también lo que antiguamente conocían como ginecología, algo de psiquiatría y antropología. Por esa razón, una proyección de la que no pedirían cuenta los profesores, era la excusa perfecta para relajarse y pasar un rato entretenido...al fin y al cabo, hablarían de sexo.

La profesora entró en el aula, se colocó delante de los alumnos y bajó las luces con un interruptor que tenía bajo la mesa. Pulsó otro, y sin mediar palabra con sus espectadores, dio comienzo a la proyección.



Mini se había esperado hasta que todos sus compañeros entraran en la clase. No quería tener la oportunidad de elegir un asiento que casualmente la condujera a estar cerca de Naldo. No, ella esperaría a que todos estuvieran ocupados y entonces no habría que comerse la cabeza para sentarse cerca o lejos del causante de sus dolores de cabeza. Esperó prudentemente en la puerta de la clase, hasta que vio que las luces se apagaron. Entró escopetada y buscó un sitio libre.

Cerca del pasillo, y casualmente al lado de Quique, había un lugar vacío esperándola. Se abrió paso entre la gente y haciendo el menor ruido posible se sentó, sacó un folio, un lápiz y miró la pantalla.


"Oh Johnny, ¡¿qué tienes en el bolsillo?!"


Tropecientas risitas recorrieron cada esquina de la clase. A Mini esto le parecía de lo más absurdo. Si no fuera porque era una clase de asistencia obligatoria, gustosamente se habría ido a estudiar Homeopatía o cualquier otra tontería, antes que quedarse con esa panda de niños hiperhormonados. Ya lo había hecho otras veces este curso, y es que había una asignatura con profesores un tanto nefastos que habían hecho que por primera vez en su vida pasara de ir a clase. Si ellos fueran capaces de dar una clase magistral de esas en las que sales sabiendo los puntos claves del tema, con una idea más o menos clara, y que sólo con repasártelo esa tarde ya te lo sabías, pues estupendo, pero como no era el caso y sentía el respaldo de sus 2 compañeros, había decidido dejar de ir.


Otra oleada de risitas, ahora un poco más socarronas. Ah, claro, a Jenny se le notaba que "tenía frío". Miró a Quique de reojo. Él no se había reído. Lo habría reconocido al instante, porque él tenía una risa muy particular y contagiosa. Ahora que se fijaba en él, Quique estaba bastante tranquilo mirando la película. No tenía nada que ver con el resto de compañeros que se daban codazos de vez en cuando, y hacían bromitas a sus compañeras. No, Quique estaba simplemente atendiendo.


¿Atendiendo el qué? ¿Acaso no sabía de sobra ya lo que iba a ocurrir? Johnny y Jenny tenían por delante una interesante velada juntos, que posiblemente terminara en embarazo. O quizás Johnny sea un chico listo, y no pase nada. Entonces Jenny conocerá a Jamie, y éste será el que le haga el bombo, con la excusa de "por una vez no pasará nada". Qué tontas podemos llegar a ser a veces las mujeres. Jenny debería ser la que decidiera qué se hace y qué se deja de hacer entre sus piernas, pero como no le pusieron esta proyección en su día, ahí la tienes, con dos ex y un parásito en toda regla creciendo y alimentándose en su útero.

Esa catástrofe anunciada distaba mucho de lo que podría pasarle a Mini, y todo por una simple razón: no había mantenido relaciones "íntimas" en su vida, y no tenía intención de hacerlo en un futuro próximo. Cuando tuvo la oportunidad con un noviete de adolescencia, no le pareció que fuera buena idea porque le horrorizaba la idea de quedarse embarazada a esa edad. Sabía que los métodos de protección que en ese momento estaban a su alcance no le proporcionaban más que un 95% de fiabilidad, y obviamente, se negó en rotundo a hacerlo para después cruzar los dedos y esperar no ser ese temido 5%. Después tuvo la oportunidad de conocer otros chicos, entender mejor el desarrollo de su propio cuerpo y escuchar sus necesidades, acercarse a una madurez intelectual más próxima a lo que ella consideraba responsable para iniciar relaciones...pero todo esto no hizo más que enseñarle lo que ella había estado intentando ignorar años atrás: tenía miedo. Miedo a la respuesta del otro, miedo a la respuesta de su propio cuerpo (¿quién no ha escuchado alguna vez historias terribles de primeras veces?), miedo a las inevitables consecuencias de algo que sería irreversible. Después de algunos años de espera, Mini fue viendo cómo su círculo de amistades iba incluyendo la sexualidad de una forma sana y de lo más natural en sus vidas, y hasta encontró irritantes aquellas encuestas que le recordaban que se encontraba fuera de lo "normal" respecto a edades de inicio. Tuvo su tiempo para darle mil vueltas al tema en su cabeza, reflexionó sobre las posibilidades de cómo sería la mejor manera. Hacía tiempo que había desestimado la idea de un primer encuentro romántico y perfecto, así que lo más sensato por su parte era trazar un plan que le asegurara un resultado, al menos, previsible.

Consistía en tener un amigo de confianza, ya experimentado (no quería más momentos tensos de los estrictamente necesarios) y que estuviera dispuesto a "quitar el precinto" (maldito Tom Wolfe y su Charlotte Simmons), con todo lo que eso incluía: paciencia ante la inexperiencia de Mini, conocimiento de las posibles adversidades de un primer encuentro...Pero lo más importante era que ella no quería sentir nada por él, tan sólo una simple amistad. El hecho de verse a sí misma de un modo torpe ante alguien que realmente le importara le causaba más de un quebradero de cabeza, y el ridículo que asomaba por la esquina acrecentaba cada vez que se imaginaba la bochornosa situación de no saber qué hacer. Ese tipo de cosas no le pasaban, y no dejaría que el sexo fuera una de ellas. No pretendía que el compañero que amablemente le hacía el favor fuera engañado, sino que hablaría antes con él para explicarle su situación, y así evitaría malos entendidos.

Viendo el ambiente general de la clase, finalmente lo tuvo claro. No iba a esperar más. Agitaba por fin la bandera blanca. Se había rendido a las presiones y por fin daría el gran paso.

Ahora que Mini había hecho un repaso mental de cada parte de su plan, se dio cuenta de que sólo le faltaba buscar al amigo que la ayudara a pasar el trance.



14 feb 2009

Pasaron los días

Pasaron los días de otoño por la escuela de sanación, dejamos a Erika con su peculiar acento por fin, y nuestros 3 amigos se empezaron a conocer entre ellos.
Naldo, con su nueva fascinación por Mini, se acostumbró a sentir cada parte del cortejo vegetativo que inundaba su cuerpo cada vez que ella se acercaba más de la cuenta o le hablaba entre susurros en las prácticas. Las palpitaciones, el sudor, los mareos, la taquicardia, y la casi descomposición intestinal que experimentaba en esos momentos parecían que eran los efectos indeseables de aquella droga que no paraba de buscar.
Mini por su parte, aumentó la confianza en sí misma. No es que no tuviera suficiente antes, pero había que reconocer que esos primeros momentos con Naldo la habían desconcertado. Ahora, segura de que había sido un polinizador toda su vida, y que seguiría siéndolo, más le valía a ella tener las cosas claras y no dejarse engatusar por esos ojos perfectos y ese pelo bonito. Pero ahh! era un pelo tan bonito... No, ella no se lo iba a permitir. Esos momentos de debilidad de la carne eran precisamente los que no le dejarían completar su etapa formativa tal y como se había propuesto. ¿Acaso querer tener un expediente impecable es demasiado?No, demasiado no estaba en su vocabulario en cuanto a su futuro se refiere. Ella es capaz de alcanzar cualquier cosa, sólo tiene que concienciarse y quererlo de veras, porque sabe que existe potencial. Quizás haya sido buena idea que la cambiaran con estos compañeros...si el profesor realmente tenía razón y la ayudaban a mejorar, eran bien recibidos; con lo que el profesor no contaba era la enorme tentación que suponía ponerle al lado a Naldo día sí, día también.
Quique, nuestro amigo más callado (y por ahora, mi preferido) también nota la energía que flota en el aire. Por supuesto que se imagina que Mini ha caído en las redes de Naldo, aunque no sospecha los sentimientos de éste. Piensa que simplemente será otra más, pero todos veremos cómo no es así. Mini nunca podría ser como otra más. A él no le es indiferente su compañera, tan arrolladora, con su intelecto explosivo que de vez en cuando los deja con la boca abierta, y la locuacidad de sus discursos...Pero ante Naldo no es rival, se sabe invisible para ella e inofensivo para él. No le preocupa, porque prefiere tener la buena relación que esperaba desde el momento en el que su profesor les enseñó todo lo que ahora sabían de las esnecias igualadas. Por esta razón sí que merecía la pena olvidarse de las banales relaciones cruzadas de 3 jóvenes. Todavía no veía las maravillas que esperaba desde ese primer día tan lluvioso, pero aguardaba con ansia ver cualquier pequeña manifestación que prendiera una ardiente fe por su nueva causa.

Así, cada uno con sus devaneos mentales, fue pasando el tiempo, como dije. Ninguno volvió a darle vueltas al tema del cambio de dirección misterioso que Erika les comentó. Claro, cualquiera se queda con algo de lo que la pobre chica les diga,qué mala pata eso de su variante anatómica. Tampoco decidieron ir a visitar ninguna de las otras escuelas como les había recomendado su curiosa amiga (vaya personaje, ¡nadie le hace caso!), perdiéndose la posibilidad de enterarse de curiosos acontecimientos que estaban ocurriendo más allá de los seguros muros de su escuela de ***.
De este modo, Quique, Mini y Naldo siguieron como autómatas asistiendo a clases y prácticas, sacándoles porvecho, reforzando sus lazos e ignorando lo que dentro de poco iba a ocurrirles...


7 feb 2009

la torre de cristal

-Hola, ¿qué pasa en el tablón?-preguntó Quique al llegar
-Nadá importanté, qué han cambiadó las practicás-le comentó Erika tranquilamente.
Ante la cara ligeramente extrañada de Quique (obvio, él tampoco había tenido el gusto de oírla hablar con anterioridad), Mini le echó un cable a su pobre "rival" preguntando:
-Pero, ¿cómo puedes decir que es algo sin importancia? A mí personalmente me han desbaratado todas las prácticas, y no creo que sea el único caso, sinceramente
-Vamos a ver Mini-intervino Quique ahora un poco más centrado- tampoco es que hayamos hecho muchas, yo llevo 3 días pasando por el hospital, no creo que nadie se vaya a morir por este cambio.
Naldo y Mini se le quedaron mirando, era la primera vez que Quique contradecía algo de lo que decían, estaba ahora muy seguro de sí mismo. Será la infusión de muérdago...
-¿Y ahora cómo son los grupos?¿A cuento de qué los han cambiado?-siguió Quique con su interrogatorio.
-Pues resultá qué creo qué vosotrós tres teneís un pocó la culpá. No visteís la cará qué se le quedó al profesor cuandó salierón vuestros nombrés comó primer grupó de igualá freudianá. Estabá flipandó en colorés. Creó qué nadá más terminar la clasé se fue corriendó a dirección pará hacer el cambió,y comó ahorá la nueva dirección es tan extravaganté...
-¿Cómo?¿Nueva dirección?
-Sí, Naldó-ahora Erika se sonrojó un poco al decir su nombre, pensando quefuertequefuertequefuerte-Esté cursó ya no está la directorá Verganzá, se ha retiradó por motivós personalés, aunqué mi padré me ha dichó que ha encontradó definitivamenté el amor y se ha mudadó de país.
Todos la miraron, no podían apartar sus ojos de ella. Su acento era absolutamente hipnótico, además que instaba a una máxima atención a sus palabras para ir traduciéndolas con el acento adecuado en la cabeza.¿Cómo es que nadie les había hablado del cambio en dirección? Generalmente hacen una despedida, y otra celebración para hacerlo oficial y que saluden al que va a ocupar el nuevo cargo, pero que la directora Verganza se fuera de la noche a la mañana era muy extraño.
Estos pensamientos iban de una cabeza a otra, elaborándose al unísono. Aunque Quique, Mini y Naldo no lo supieran, ya estaban comenzando a trabajar como compañeros de esencias igualadas.
-Bueno Erika, ¿qué tal ha estado la charla de >>? Me llegué a plantear ir, pero con el tiempo tan malo que hace y con la excusa de mis nuevos compañeros, decidí no pasarme.¿Ha sido interesante?
-Sí Miní. Ha sidó super guay. A mí me haciá ilusión ir a esá escuelá porqué mi padré me habiá dichó que >> erá una escuelá estupendá también. Yo obviamenté ignoré lo que m habiá dichó poruqé siempré quisé venir aquí, peró visitar la otrá escuelá merecé la pená.-Erika lo volvía a hacer, era el centro de atención de aquel curioso grupo y se sentía la reina del baile, así que decidió alargar su momento de gloria...-El edifició es lo más flipanté que te puedás echár a la cará. Es comó una gran torré de cristal. Me recordó a los cuentos que me leían de la brujá Choní y sus enemigós...El casó, qué está torré es más espectacular porqué se moviá con el vientó.Jajajajjajá. Claró, porqué erá la escuelá de vientó. Así que desdé fuerá erá comó un gusanó de cristal qué se balanceabá con la corrienté. Lo más flipanté era que cada pisó se movía en una dirección.
Los 3 amigos estaban sumergidos en la explicación. La verdad que la idea de esa escuela les parecía interesantísima. Naldo la había considerado como posible opción en su día, porque él se sentía ciudadano del mundo, y algo que le permitiera "cambiar de aires" era lo que precisamente iba más con su personalidad, o eso creía él. Al final decidió quedarse en *** porque pensó que precisamente por sus idas y venidas, le apetecía tener un lugar fijo y estable en su vida que fuera más acorde con él, pero sin perder el dinamismo, justo lo que le ofrecía el fuego. Erika siguió en su monólogo:
-Cuandó entré allí me quedé con la bocá aún más abiertá, porqué las paredés, al ser de cristal, te dejabán ver tu paisajé alrededor. Subí hastá la clasé donde nos ibán a dar la charlá y allí me encontré con Priscilá, mi mejor amigá de 1*,¿te acuerdás Miní?
-Ehh, claro, cómo olvidarla..
-Pues nos sentamós juntás y me empezó a contár un pocó más del edifició. Me dijó que estabá inspirado en unas torrés que se construyerón en Dubaí. Claró qué también me dijó qué se habián aseguradó de no cometér los mismos errorés, porque esas torrés se derrumbarón a los 5 añós...suerté qué las habián cerradó por reformás, jejejejé. Me dijó también qué se moviá con la fuerzá del vientó, y qué claró, esé movimientó generabá energiá suficienté pará no tener qué depender de nadié más. Luegó vinó el profesor, y nos dió la charlá. Si quereís os dejó los apuntés.
-Ya te los pediré otro día, gracias Erika-dijo Mini mientras se daba la vuelta con sus 2 compañeros y huían de la interminable conversación, por miedo a que volviera a empezar.




2 feb 2009

el tablón dorado

Mini y Naldo se dirigieron al sector de ***.
Habían ido andando tranquilamente, porque todavían tenían tiempo de sobra para que empezara la próxima clase, así que fueron dando un paseo. Naldo no dejaba de observar minuciosamente a Mini. Ella, que se había dado cuenta cuando estaban en el edificio 3**, no hacía otra cosa que evitar que sus ojos se encontraran. Se preguntaba qué le pasaba a ese niño ahora. No entendía a qué venía tanta atención hacia ella, cuando hacía escasas horas se ignoraban mutuamente con aparente cordialidad. Estaba realmente extrañada.
Su cabeza empezó a barajar la idea de una posible atracción, pero claro, todos sabían que Naldo era un chico con éxito entre las féminas y, aunque ella no se consideraba ningún adefesio tampoco creía que estuviera dotada para entrar en las filas de las apirantes a las atenciones de su compañero.
Cada uno absorto en sus propias divagaciones, llegaron sin darse cuenta hasta su zona. Había un revuelo generalizado entre sus compañeros, y se aproximaron un poco más para enterarse de qué iba todo ese alboroto.
Pudieron ver una masa de gente más compacta alrededor del tablón dorado.
Ese tablón dorado era donde se iban publicando los anuncios que les podían interesar, horarios, listas de calificaciones y de prácticas...Habían novedades, seguro; si no, no habría ese clima de excitación alrededor. Mini intentó abrirse paso metiendo su bracito por el pelotón de gente, y hacer palanca para introducirse y avanzar posiciones, pero cuando se rindió y miró a Naldo exasperada, él le dijo con aire de suficiencia:
-Han cambiado las prácticas.
-¿Qué? ¿Dónde?¿Cómo lo ves?
Mini no había caído en el hecho de que su compañero le sacaba por lo menos una cabeza a casi todos los que estaban allí, así que él sólo había tenido que agudizar la vista para enterarse de lo que pasaba.
-Sí, ahí, a la izquierda...claro que no lo puedes ver.-contestó, porque ella insistía ahora en ponerse de puntillas para no tener que enterarse por intermediarios.
-Bueno, ¿pero qué pone?
-No te pongas nerviosa -a Naldo le encantó ver cómo se crispaba su compañera, se ponía tan graciosa.- Lo que dice es que tras la igualá freudiana que se hizo en el curso de ***, la dirección ha considerado oportuno una readjudicación de los grupos de prácticas, dado que a estas alturas del curso no interfiere en la correcta realización de los mismos, a fin de sacar máximo provecho de los potenciales de los alumnos.
-¿Cómo nos pueden hacer esto? -exclamó con un gritito ahogado.
Al momento Naldo la estaba mirando de nuevo, preguntándose si relamente ella tenía algo en contra de hacer sus prácticas ahora con él. Quizás ella no soportaba realmente la idea de estar a su lado.
Mini vio la cara compungida de Naldo, como si hubiera comido una patata cruda. A lo mejor había sido borde con él y se había sentdo ofendido. Dios sabe que eso sería lo último que querría, pero es que en ese momento sólo había pensado en que ahora tendría que volver a copiar su calendario en la agenda, que ya tenía taaaan bien organizada...¿cómo podían hacerle eso?
En ese momento se acercó Erika, una niña de su clase que a Mini le caía especialmente bien, porque ya la había conocido en 1*, aunque no todo el mundo sabía apreciarla.
-Vayá por dios, qué jaleó han montadó con las practicás después de la igualá freudianá.
Naldo cambió su cara al oírla hablar, ahora tenía los ojos como platos y la boca entreabierta, absolutamente asombrado por la curiosa entonación.
-No me habriá imaginadó que serián tan rapidós en cambiarnós a todos de nuevó.-siguó hablado Erika. Al caer en la cuenta de que Naldo, ese chico tan guapo de su clase la estaba mirando, no pudo evitar sonrojarse un poco. Naldo, ahora enfrentándose a una reacción más frecuente como eran los sonrojos a su alrededor, tampoco pudo evitar una media sonrisa pícara, casi inconsciente, hacia ella.
Mini no se había perdido detalle del cruce de miradas y el lenguaje no verbal era algo que creía manejar bastante bien. Él se percató de que ella había estado al tanto de su flirteo inconsciente, y en ese momento se arrepintió desde lo más profundo de su ser. ¡¡¿¡¡Ahora ella pensaría que estaba interesado en esa tía rara!?!?!?!
-Buenó, ¿y por qué no habeís venidó a la charlá que han dadó en la escuelá de >>?
Mini todavía estaba dándole vueltas a lo que acababa de presenciar. Definitivamente, ahora le daba igual lo que su compañero pensara de ella, o si le había ofendido, o cualquier cosa. ¡Era un chulo!¡Y un creído! Iba picando de flor en flor, polinizando de una en una hasta ver como se desmayaban ante sus encantos...qué patético. De repente se encontró a ella misma comparándose con Erika, buscando en qué aspectos ella la superaba. Por supuesto, poca gente estaba dispuesta a pasar por alto su particular manera de hablar. No es que fuera culpa de la pobre chica, por supuesto. Hace 2 años ella misma le explicó a Mini que debido a una variante anatómica que tenía en el cerebro, sus palabras automáticamente eran todas agudas, no importaba cuántas clases hubiera dado para corregir su problema...Mini sintió ahora un gran remordimiento de conciencia
-Es que decidimos quedarnos aquí para conocernos un poco.-intervino Naldo, sacándola del pozo de culpa en el que se ahogaba Mini.-¡aunque ahora parece que vamos a tener bastante tiempo de sobra para conocernos!¡Anda, mira quién viene por ahí!

Los 3 se giraron para recibir a Quique que, atraído por el bullicio, también había acudido para enterarse de las noticias del tablón dorado.

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