El BudaDorado se dirigió hacia la puerta de su despacho y salió escaleras abajo seguida de sus 3 alumnos de Fuego. Quique, Mini y Naldo eran incapaces de articular palabra. Se disponían a seguir a su directora a la escuela de Aire, nada más y nada menos que para reunirse con la directora de aquel centro con la intención de reunificar a las 4 fundadoras. No se dieron cuenta del camino que hacía el Buda, y en un momento perideron el rumbo que usaron hace poco más de una hora para subir al despacho por la torre central...Acababan de cruzar el umbral de una puerta en la que nunca habían reparado en todos sus años de estancia en Fuego, una puerta que estaba escondida tras una de las múltiples ventanas que llenaban dicha torre.
En ese instante se dieron cuenta de que ahora caminaban por encima de las clases del último curso de Sanación (las cuales eran el círculo más cercano al núcleo donde se hallaba el despacho), y trotando sobre el techo de sus compañeros descubrieron ante sus ojos un jardín privado donde sus profesores descansaban, tal y como les explicó su directora:
-Obviamente no todos los profesores disfrutan de vuestra compañía, ni les gusta oír sus motes mientras intentan relajarse, así que mi obligación era proporcionarles un lugar donde pudiesen olvidarse del estrés que supone formaros como los mejores sanadores del mundo.
Tras un guiño cómplice hacia sus jóvenes pupilos siguieron andando rápidamente hasta una puerta giratoria en el final del jardín.
-Este es un acceso un poco más directo a la escuela, pero lamento deciros que sólo está comunicada con las otras escuelas, y es de tránsito privado.
Antes de entrar su directora se dirigió hacia ellos para explicarle el procedimiento.
-¿Es la primera vez que usáis una puerta giratoria?
-No-respondieron los 3 al unísono.
-Estupendo, entonces sólo tengo que comentaros que encontraréis en el panel los símbolos de las 4 escuelas, sólo os pido que pulséis el de Aire >> y que déis 2 vueltas. Yo iré primero para asegurarme de que al otro lado la situación está bajo control. Ya nada es seguro, y no pienso poneros en peligro más de lo estrictamente necesario. Recordad apartaros un poco en cuanto salgáis para que no haya ningún tropiezo desafortunado-comentó echando un leve vistazo a Quique-y por último, no os rezaguéis a la hora de cruzar la puerta. Tenemos que ser rápidos.
Asintieron, asimilando toda la información. Era sencillo. Entrar, pulsar >>, 2 vueltas y apartarse al salir. Sin demora.
El Buda inspiró y con aire solemne dio un paso hacia la puerta giratoria. Su figura se perdió tras las hojas móviles y entonces volvieron a encontrarse solos.
Los 3 amigos parecían haber perdido parte de su individualidad desde que habían encontrado al Buda, y ahora volvían a ser ellos mismos. ¿Estaban seguros de lo que iban a hacer? El Buda les había dejado claro que era algo potencialmente peligroso y que debían saber bien si querían acompañarla a esta misión, pero la verdad es que frente a ella, se habían sentido exclusivamente como un ente formado por 3 cabezas prácticamente inseparable, una extraña trinidad. Ahora, fuera del lazo que los unía cuando estaban frente al Buda, los miedos y las dudas asediaban sus cabezas y corazones, disparando sus ideas en infinitas direcciones. Se miraron extrañados. Hacía tiempo que no se miraban entre ellos, porque la conciencia de grupo había guiado sus voluntades con mucha más fuerza y determinación de lo que podrían haber conseguido por ellos mismos. En ese momento, alguien que homenajeaba con sus palabras al profesor Toscani recordó la magia de las esencias igualadas. Fue entonces, justo en ese instante cuando una determinada Mini apremió:
-Las señoritas primero, ¿no? Nuestra directora nos está esperando.-y sin más miramientos cruzó la puerta giratoria.
Quique y Naldo se asombraron por la decisión de su compañera a la hora de emprender esta aventura, y en el momento en el que iban a decidir quién sería el siguiente, un fuerte ruido, casi como una pequeña explosión, cortó aquel diálogo silencioso. A varios metros tras ellos, la figura de un hombre alto y delgado, con un ligero aire marfanoide, atravesaba el hueco que había dejado la puerta del jardín que acababa de hacer desaparecer. Mientras comenzaba a barrer con la mirada el jardín de los profesores, Quique y Naldo vieron cómo blandía una fusta de cuero en su mano derecha.
Sólo les hizo falta una cómplice mirada de imperiosa urgencia para que los 2 entraran juntos por la puerta y pulsaran el botón, antes de que su enemigo alcanzara a verlos.
Sabían que 2 personas de su tamaño era algo que los técnicos en puertas desaconsejaban, puesto que correrían graves riesgos de quedarse atrapados, perder algún miembro o acabar en diferentes direcciones...pero ahora lo único que pensaban era en eludir al Caballero de la Fusta de Cuero.
Mientras, al otro lado, Mini y el Buda les esperaban