Habíamos dejado a nuestros protagonistas en un minimental shock tras ver el cuerpo deformado de la antaño grácil Charada.
Su piel macerada, hinchada, y de aspecto untuoso, deformaba (a la vez que conservaba) el cuerpo de la fundadora de la escuela de Agua.
Los 3 amigos, asustados, no llegaron a traspasar las puertas del Caldero Rogeliante. El bar estaba anegado, y el nivel del agua llegaba hasta las caderas de las fundadoras, que fueron las únicas que se atrevieron a acercarse con cuidado hacia el cadáver de su compañera.
Con cada paso que daban, se tropezaban con objetos que habían quedado sumergidos. Sillas, vasos...No paraban de imaginar qué clase de pelea habría sucedido dentro de estas cuatro paredes. Debió de ser importante, porque los destrozos eran cuantiosos, aunque infinitesimales comparados con la vida que se había cobrado.
Quedaban pocos metros para alcanzar a Charada cuando a Almendra se le escapó una lágrima. La emoción le había superado y no pudo controlar la trsiteza de haber perdido a su querida amiga.
En el instante en que la lágrima contactó con la superficie del agua, el nivel de ésta empezó a descender, como si alguien hubiera quitado el tapón de un desagüe.
Las directoras se miraron extrañadas entre sí, y entonces descubrieron con admiración que no estaban solos.
A medida que iba desapareciendo el agua del Caldero, se iban descubriendo finísimas pajitas que sobresalían hasta la superficie. Esos hilos acababan ni más ni menos que en las bocas de unos veinte chicos y chicas que habían estado bajo el agua todo el tiempo, respirando a través de esos tubitos. Mojados, y algo estupefactos, miraban a las extravagantes fundadoras, que a su vez no podían creer lo que estaban viendo.
-¿Pero qué...?
-¿Qué hacéis aquí?
Antes de que ninguno respondiera a Buda y a la Señorita Tulp, el cuerpo de Charada finalmente reposó sobre el suelo del Caldero. Justo en ese instante empezaron a escuchar el mismo sonido de un globo cuando se desinfla
prffffflflflflflrrlflflflEra el cuerpo de su amiga el que estaba desinflándose ante sus ojos. Su rostro deformado volvió a adquirir sus antiguas líneas. Su cuerpo volvía a ser como el de una bailarina del ballet ruso. Sus pulmones volvían a respirar.
-¡Charada!-dijeron las 3 a coro, locas de la alegría-¡Estás viva!
Su amiga abrió los ojos, como si de un anuncio de colchones se tratase, descansada, feliz, y como si nada hubiera ocurrido.
-¿Pero qué hacéis aquí las 3?-preguntó la fundadora, con un tono casi divertido.
-Veníamos a buscarte, pero pensamos que era demasiado tarde-contestó Almendra, reponiéndose todavía del mal rato.
-No sabéis cuánto siento que os hayáis preocupado por mí...Era un pequeño truquito. Es que tenía a todos estos alumnos todavía a mi cargo...no podía dejarlos solos, pobrecitos. En un momento así recordé el proverbio chino: "en caso de peligro cierto, hay que hacerse el muerto", y me pareció la mejor manera de tenerlos todos a salvo hasta que pudieran salir sin peligro.
Mientras Charada iba relatando su plan, el BudaDorado había comenzado a frotarse las manos delante de los alumnos que aún estaban empapados. El calor que desprendía la fricción era suficiente para irlos secando.
-Nos hemos llevado un susto tremendo, que lo sepas-apuntó el Buda-pero me alegro de que todos estéis bien. Tenemos que hablar contigo en privado Charada, sobre lo ocurrido.
-Claro. Chicos, quedaos aquí un minuto, que tengo que hablar de cosas de mayores.
Y con una sonrisa se dirigió hacia las fundadoras. Les dio un abrazo fuerte a cada una, sonriendo por verlas después de tanto tiempo. Estaba tan feliz que parecía haber olvidad por qué se hacía la muerta.
-Oye, esto es muy serio-dijo la Señorita Tulp
-Ya lo sé,¿crees en serio que no me he dado cuenta?
-Necesitamos reunir los cuatro dones para hacer frente a esto-siguió
La cara de Charada se ensombreció tras escuchar estas palabras.
-¿Qué pasa?-preguntaron
-Hay problema...
-¿Cuál?
-Yo...
ya no tengo mi don