7 dic 2008

flamígero

Salieron del Caldero Rogeliante y miraron al cielo. Nubes de lluvia se arremolinaban sobre sus cabezas, o eso les parecía a ellos, así que fueron corriendo a encontrar algún lugar donde poder resguardarse, para despedirse debidamente.
Llegaron a la entrada del edificio de 3**, y allí les recibía una ola de aire cálido. Los 3 echaron un vistazo a su interior. Naldo y Mini intentando captar cada detalle puesto que esa era una zona que ellos, de los grupos 2 y 1 respectivamente, apenas habían pisado...mientras que Quique había pasado allí su segundo año de Sanación. En el fondo los lugares donde estudiaron cada grupo eran muy similares, pero la familiar estancia ahora se les descubría como lo que realmente era: una obra de arte.
La fachada presentaba un arco muy rebajado por donde entraban y salían los alumnos. Tenía una escotadura en la clave, de manera que formaba un vértice hacia arriba. Las ventanas eran arcos conopiales (también rebajados) pero adornados con carpinas, motivos ornamentales florales que se entrelazaban hasta que la vista los perdía. Multitud de formas pequeñas en la fachada se elevaban hasta el cielo. Decidieron entrar.
Una vez allí el calor les abrumó. El movimiento incesante de la gente a su alrededor, el alboroto de las jóvenes carcajadas entre clase y clase les pareció un insulto a el edificio, que se mostraba grande, pleno y poderoso ante ellos. Miraron hacia arriba y se sintieron pequeños, a merced del monstruo, cuyas entrañas escondían secretos tapados unos sobre otros por la inmensa cantidad de detalles que encontraban a su paso. Su paladar, el cielo de la boca del monstruo, eran bóvedas con nervios, algunos en abanico, otros estrellados. La complejidad de la crucería desembocaba en pilares y nervaduras torsas de sección helicoidal, como si serpientes se desenroscaran hasta llegar al suelo, donde la majestuosa criatura se apoyaba. Un gran foco de luz les iluminaba, y al buscar su fuente vieron un gran vano cuatrilobulado que dejaba paso a tracerías flamígeras, las cuales combinaban piedra y madera hasta fundirse con el sólido muro.
Las ondulaciones, las curvas y contracurvas, la voluptuosidad del lugar. Los 3 compañeros quedaron sobrecogidos. El onirismo del lugar, que les intimidaba a la vez que elevaba al cielo, encendió en sus corazones la llama del fuego. Qué elemento más poderoso y temible, a la vez que divino y sagrado. Destructor y purificador. Comprendieron la fuerza de su escuela. El significado profundo del conocimiento que se les ofrece. El poder que vertían en sus manos, manos que se convertirían en lenguas de fuego. Destructor y purificador, temible y sagrado.

Tras 5 minutos de bocas abiertas, Quique volvió a mirar su reloj. Mierda, se le estaba haciendo verdaderamente tarde.

4 comentarios:

Almendra Puck dijo...

Me ha encantado esta entrada, me he quedao flipaaa!! cómo se nota q tienes a tu lado un historiador del arte-costalero enmascarado... yo todavía no sé qué significa flamígero xDD

Mundo MIR dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
quantum leap dijo...

por un momento he pensao q estudias arquitectura...no me he enterao de la misa la mitad :P Me he quedao con la idea de q es un edificio to potente jajaajajajajajjaaj

BudaDorado dijo...

vale, jajaja la idea era esa!! es q result q el flamigero era un estilo artistico, y obviamente le iba a la escuela d fuego!!!


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