27 nov 2008

Enriquirriquirriquitín

Así era como llamaba cariñosamente la tía Rosalinda a Quique, su sobrino preferido.
A él por supuesto no le hacía demasiada gracia, pero la musicalidad de cada sílaba y el amor con el que las iba pronunciando le recordaba a los merengues que ella le preparaba los martes por la tarde, cuando él volvía del cole de hacer deporte.
Tenían una complicidad enorme...exagerada incluso, si somos conscientes de que nos remontamos a los 7 años de Quique.
Pero no todo podía ser dulce como aquellos merenguitos con canela en la punta que le preparaba su tía favorita; el destino quiso que sus vidas se separaran cuando ellos todavía pensaban que merecían pasar mucho más tiempo juntos. Una enfermedad mala, de esas que te dejan en la cama hasta que consumen tu úlltimo aliento, fue la culpable de que Quique (o Enriquirriquitín, como ya prohibía categóricamente que le llamasen) aprendiera a decir adiós.
En realidad, no fue lo único que aprendió de la enfermedad de Rosalinda. Pudo ver que detrás de los dolores, visitas llenas de kleenex, y bolsas hasta arriba de lo que a él le parecía agua, había un grupo de señores de verde. Un verde suave y apagado. Cuando te pasabas un rato mirándolo fijamente, sin hacer caso a papá hablando por el teléfono ni a la señora de al lado que como el yogur, te entraba sueño, te envolvía como un nórdico en una noche de otoño. Qué raro, cómo iba a envolver los sentidos en un edredón suave y verde? No sabía exactamente cómo pasaba, pero ocurría cada vez que entraba un sanador en la habitación.
Ese primer contacto con la Sanación fue crucial en la vida de Quique. Desde ese momento supo que quería ser como esas personas que devolvieron la paz al cuerpo torturado de su tía. No los culpaba por su pérdida porque había aceptado que guardaría a su amiga en su corazón. En cambio, sentía curiosidad por ellos que dedicaban sus sonrisas, su conocimiento, y su vida al fin y al cabo, al bienestar de los demás.
Lo tuvo muy claro.
"Seré sanador" se dijo así mismo.
Ahora ya le queda muy poco para ver por fin cumplido su sueño.
No siempre ha sentido dentro el espíritu que le empujaba a esa profesión. Muchas veces se llegó a plantear si la idealización de su infancia le estaba conduciendo a un futuro que no estaba pensado para él. Durante su preparación en la escuela, ya casi lo hacía casi por inercia...


Este sentimiento cambió el día que se probó por primera vez ese idolatrado traje verde.

3 comentarios:

Almendra Puck dijo...

Debió ser muy duro para Enriquiriquitín, jo. Pero bueno, le ayudó a encontrar su camino en la vida. Yo no creo q se haya equivocado, pues creo q uno no escoge la carrera de sanación, sino que esta te escoge a ti. No obstante, las dudas son normales, forman parte de la condición humana.

quantum leap dijo...

Jo, qué bonito. Fue un gran sentimiento el que inspíró a Enriquirriquitín. Seguro que será un gran sanador.

BudaDorado dijo...

si si si..yo tb lo creo jijij


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